Reseña de Lento en la sombra, de Peter Handke (publicada en Ñ)

Hace unos años se conoció en castellano Pero yo vivo solamente en los insterticios, un libro entrevista de Peter Handke con Herbert Gamper. Si bien el libro respetaba la dinámica pregunta-respuesta, las respuestas de Handke desbordaban y desacomodaban continuamente esa dinámica. En ese desborde, el libro se convertía en un objeto especialmente singular.
Lento en la sombra se presenta ahora como un libro de ensayos sobre literatura, arte y cine. Pero “ensayos” tal vez no sea la palabra adecuada para definir estos textos. Algunos son discursos, otros son prólogos, hay recuerdos; pueden tener media página, o diez. Incluso los que formalmente se ajustan más a la idea de artículo son bastante sui generis. Sobre los autores o temas en cuestión, Handke no se ocupa de tejer un imaginario común con el lector, para luego presentar su punto de vista. Va directamente al punto. O deriva sin fin. Esto hace que algunos textos sean un tanto desconcertantes. Matías Serra Bradford, quien seleccionó los textos e hizo el prólogo (la traducción es de Ariel Magnus), sugiere pensarlos más como apuntes de lectura. De estos apuntes lo que va surgiendo es una poética. Una poética de lector.
Cuando lee a Adalbert Stifter, Handke destaca la ausencia de juicios y opiniones, un relato constituido por acciones sin anécdota, drama ni culminación. De Hermann Lenz, subraya el desorden de sus libros, “aprendido de Proust”, las descripciones de imágenes y una prosa tejida con oraciones unidas por la partícula “y”, nunca por un “porque”, a lo sumo por un “mientras”. De Patricia Highsmith se queda con la escritura sin metáforas y los saltos de conciencia de los personajes. En John Berger critica al narrador en primera persona del plural, ideológico, historicista, para elogiar la emergencia, por momentos, de un yo singular y anónimo. Cuando escribe sobre Gustav Janus resalta “el puro ir y venir”, lo sin objeto, lo arbitrario, “en una literatura escrita por narradores que tienen una opinión para cada cosa”. En Philippe Jaccottet pondera el hecho de que su poesía no proporcione una imagen del poeta, rechace el júbilo escriturario y trabaje constantemente en la revocación de los entusiasmos. De Albert Camus le gusta que no cae en el magnetismo de las palabras, y de Emmanuel Bove la estructura latina de sus frases. Pese a que es citado en varios artículos como la figura ejemplar del cambio estético en la literatura de fin del siglo XX, sobre Francis Ponge hay apenas un texto breve.
En “Cuando leí Trastorno, de Thomas Bernhard”, cuenta la parte de la novela que leyó mientras esperaba que le contestaran un llamado telefónico.
Lento en la sombra, entonces, no es un libro a mitad de camino, tampoco es un libro experimental. En realidad, no debería recortárselo contra ningún modelo. Es una obra en sí misma, poco familiar, como varias de las mejores cosas de Handke.