Reseña de Antología de entradas inéditas..., de Megan Boyle (publicada en Ñ)

Uno puede leer el libro de Megan Boyle como si fuese una destilación, muy bien conseguida, de la ya optimizada economía narrativa del minimalismo norteamericano. Leer cada entrada del blog como si fuese un cuento. Uno puede, también, leerlo como si fuese uno de los ejemplos mejor condensados de la lógica de la ilación de las imágenes de buena parte de la poesía contemporánea. Cada entrada es un poema. O si lo prefiere, uno puede leerlo como uno de los trabajos más logrados de esa sociología de la vida cotidiana que se funda en los textos de Joe Brainard y Georges Perec. ¿De qué me acuerdo?, se preguntan Brainard y Perec. ¿De qué te acordás?, preguntará cualquier día, sin mayor escándalo, Facebook. El libro parece ampararse en un género nuevo, el del blog. Sin embargo, lo que Antología de entradas inéditas del blog de un empleado mexicano de panda express viene a mostrar es que, a la inversa de lo que se repite una y ora vez, los blogs (y su entorno: Facebook, Twitter) no constituyen una nueva manera de hacer literatura, sino que recogen y reciclan formas literarias más que transitadas desde hace por lo menos cincuenta años. No es la tecnología la que habilita una nueva literatura, sino el desarrollo de una literatura el que produce una tecnología. Hay un ecumenismo evidente en este libro: lo escribió una escritora norteamericana, pero podría haberlo escrito una narradora argentina (¿no son las escrituras del yo otro antecedente de los blogs?) Finalmente tampoco importan los géneros, salvo en el hecho de que se da una fusión genérica muy visible. Es un libro que dice mucho sobre la conformación de una república internacional de las letras. Aunque probablemente a Megan Boyle estas cuestiones no le interesen. Con toda la literatura a su disposición, escribió un libro refinadísimo, sin gravedad, y al parecer sin ningún esfuerzo.