Entrevista con Mirta Rosenberg (publicada en Clarín)

Mirta Rosenberg es una de las mejores escritoras argentinas. Nacida en Rosario en 1951, es poeta y también traductora. Se tomó catorce años para publicar su último libro: El paisaje interior. Es un libro breve, dividido en cuatro partes: “Cosas que se vuelven nombres”, “El paisaje interior”, “Bestiario íntimo” y “Conversos”. Retomando una tradición que practicara Alberto Girri, Rosenberg incluye sus traducciones en sus libros de poesía. En “Conversos” están sus versiones de Elizabeth Bishop, James Fenton, Kay Ryan, Ramanujan. Dice la poeta española Olvido García Valdés: “(A la obra de Rosenberg) cabría definirla por el estilo, eso que la hace reconocible entre muchos: su estilo es ritmo, y su estilo es alguna clase de fe”.
-Volvés a publicar después de catorce años. ¿Qué significa este nuevo libro para vos?
-El paisaje interior es mi libro de los 60 años. Considero que a los 60 es más difícil publicar un libro que una obra reunida. Es necesario creer que una todavía tiene algo que decir y algo que aprender. Este libro, por lo demás, funciona para mí como una suerte de compendio de mi obra anterior, lo que ya aprendí, sumado a algunos aprendizajes en curso.
-En comparación con los libros anteriores, en este parece haber una escritura más llana. ¿Qué cambió en tu idea de la poesía?
-No creo que la escritura sea más llana ni la sintaxis más simple. Todos los elementos del libro ya estaban en Pasajes, mi primer libro, incluyendo la presencia de la traducción como fuente de inspiración y elemento de trabajo. Tal vez haya cierta depuración de las ideas y una descripción de realidad, mi realidad, más rigurosa, en El paisaje interior. Con respecto al “Bestiario íntimo”, es una serie que vengo escribiendo hace más de veinticinco años, y es una suerte de reconsideración retrospectiva de mi vida: cada vez que sentí que se producía en mi experiencia algún hecho determinante, escribí un poema sobre un animal que, a mi entender, servía de sumario y recordatorio de lo ocurrido, a la manera en que otras personas guardan fotos u otros objetos que les sirven para puntuar un calendario privado. No tengo idea de cuántos poemas o animales más tendrán cabida en mi vida y, por lo tanto, en mi producción, pero pienso que voy a seguir incluyendo el Bestiario cada vez que publique.
-¿Lo autobiográfico funciona como un antídoto contra el egoísmo del yo?
-Ojalá sea así, porque esa ha sido mi apuesta para conciliar la poesía con mi vida.
-¿Escribir y traducir son experiencias equiparables, o inseparables?
-Las lecturas son elementos que, junto con la traducción, se han vuelto para mí cada vez más inseparables de la escritura (y a veces equiparables a ella), en un matrimonio más apasionado que la intertextualidad y más productivo, espero, que la mera acumulación de conocimiento literario. Funcionan como el tamiz necesario para “limpiar” la propia experiencia y dar nueva intensidad a la lengua que la expresa.
-Escribiste sobre Hugo Padeletti que la poesía produce la mayor disciplina del yo…
-Creo que la poesía exige la mayor disciplina del yo porque ser poeta es, para mí, aprender a poner coto a la auto-indulgencia y descartar gran parte de lo que se escribe porque, en verdad, carece tanto de valor literario como de interés extra-personal.