Entrevista con Hang Kang (publicada en Ñ)

A los 26 años escribí un cuento llamado ‘El fruto de mi mujer’”, cuenta la escritora coreana Han Kang (1970). “En él, una mujer se convierte en un vegetal en el balcón de su departamento, y su marido la planta en una maceta. El marido, que no supo comprenderla cuando estuvieron juntos, la riega y la cuida hasta que a finales del otoño la planta se abre en un puñado de frutos duros y finalmente se seca. Apoyado en la baranda del balcón y mirando los frutos, el marido se pregunta si su mujer podrá volver a brotar en la próxima primavera”.
Dice Han Kang que después de haber terminado el cuento se quedó con ganas de volver al tema, para contarlo con variaciones. Entonces escribió tres relatos: uno narrado por el marido de una mujer (Yeonghye) que una noche, como consecuencia de un sueño, se vuelve vegetariana, otro narrado por el cuñado de la mujer, y el último por la hermana. Estos tres relatos constituyen los capítulos que conforman La vegetariana (2007), una muy buena novela que confirmó el lugar singular de Han Kang en la literatura coreana contemporánea. La autora estará en la Feria del Libro presentando la traducción al castellano de la novela, editada por Bajo la luna.
-¿Por qué el vegetarianismo?
-Contra el modo de vida cargado de muerte, violencia y mentira, Yeonghye elige el vegetarianismo como una forma desesperada de inocencia con el deseo no infligir daño alguno a ningún ser vivo. Ella no es un ser puro e inocente que contrasta con la violencia que hay en el mundo. Por el contrario, es una persona que sabe que lleva dentro ese amplio espectro de lo humano y decide vaciarse, expulsar de sí, el carnivorismo y todos los aspectos oscuros del ser humano, y se hace vegetariana con el fin de poder vivir sin culpa.No se detiene allí, puesto que decide pasar por un proceso de evasión imaginaria en el que incluso abandona el vegetarianismo para creerse un vegetal. Para Yeonghye, ésta es la única posibilidad de salvación y al mismo tiempo es una forma de destrucción. En la lucha silenciosa que entabla Yeonghye tratando de entender y encontrarle un sentido a su dolorosa vida, la voz de su hermana Inhye es el otro eje importante de la novela. En cierto sentido, se puede decir que La vegetariana es la historia de estas dos hermanas. En la escena final de la novela, Inhye va con su hermana inconsciente en la ambulancia y mira a través de la ventanilla con una mirada “oscura y persistente”, como si protestara, mientras atraviesan un camino flanqueado de árboles verdes que parecen en llamas. Es la mirada de alguien que sabe cuán feroz es la convivencia de la violencia y la belleza en este mundo y que se pregunta si es posible salvarse de todo eso.
-En el origen del derrumbe anímico de cada personaje hay un sueño, o una imagen obsesiva, inmanejable. ¿Qué importancia tiene para usted lo primigenio?
-Pienso que a los seres humanos no nos alcanza con vivir sólo la parte superficial de la vida y que todos llevamos adentro eso primigenio y esencial. Yeonghye, su hermana Inhye y su cuñado, todos ellos tienen algo adentro que no pueden desplegar o hacer realidad en sus vidas y que termina por aflorar a través de sueños e imágenes muy intensas. En lugar de ignorar eso que es primigenio y esencial, lo exploran y persiguen hasta el final, tratando de utilizar ese doloroso proceso como un pasaje para llegar al otro lado de sus existencias superficiales.
-“La vegetariana” puede ser leída de manera simbólica, con el agotamiento de una forma de vida social, pero también de manera literal, casi como un caso clínico. ¿Qué es lo que quiere aprehender a través de su ficción?
-Las preguntas que tuve en mi mente mientras escribía esta novela fueron: ¿qué es la inocencia?, ¿qué es la belleza?, ¿es posible salvarse?, ¿qué es el ser humano y qué puede llegar a ser? Pienso que lo que puede hacer la novela no es dar respuestas sino completar, acabar de formular las preguntas. Precisamente lo que yo busco “aprehender” con mi novela es que el lector que está leyendo de manera literal esta historia contada por tres personas diferentes se haga en algún momento cualquiera de esas preguntas.
-En “La vegetariana” el mundo laboral, la institución matrimonial, la historia, los medios de comunicación, la organización hospitalaria, el machismo, son todos elementos productores de vidas falsas. La única vida verdadera parece ser la que entraña la propia desaparición...
-Pienso que es ineludible que la literatura trate sobre la muerte, tanto la que se esconde dentro, la vida, como la que la envuelve por fuera; el silencio, tanto el que se gesta en el lenguaje como el que lo recubre con varias capas; la tristeza y la locura que anidan en el violento convencionalismo del sistema o hierven silenciosamente debajo; así como los temas de la extinción y la destrucción, y también de la vida que pugna por salir desesperadamente.
-¿Podría contarnos cuál es la actitud de usted y de los escritores de su generación con respecto a la sociedad coreana contemporánea?
-Nací en 1970 y viví de manera indirecta durante mi infancia la masacre popular de Gwangju [NdelaR: 18 de mayo de 1980] que perpetró la facción militar constituida en el poder. La dictadura militar finalizó cuando tenía algo más de veinticinco años y fue también en esa época cuando comencé a escribir. A diferencia de la generación anterior que escribía mayormente sobre temas históricos o sociales, pertenezco a la primera generación de escritores que trata y explora la interioridad del ser humano. Pero en mi caso, el oscuro período que me tocó vivir durante la infancia y la primera juventud hizo que mi manera de ver al ser humano y al mundo estuviera cargada de preguntas serias e intrincadas. La sociedad coreana sufrió un desarrollo económico de una velocidad vertiginosa y sin antecedentes. Gracias a ello, disfrutamos en estos momentos de cierto grado de opulencia, pero en medio de esa velocidad aturdidora y de la ola de neoliberalismo que se enseñoreó en el mundo, todos los de mi generación sufrimos la ansiedad y la soledad existenciales, que llevamos dentro de nosotros como una silenciosa herida abierta que no termina de cicatrizar.
-¿Y qué lugar ocupa la literatura en la sociedad coreana contemporánea?
-Internet y los teléfonos inteligentes son ya una parte muy importante en la vida de las personas, por lo que el espacio que ocupa la literatura es cada vez más estrecho. Pero lo interesante es que al mismo tiempo aumenta también el número de escritores que publican obras cada vez más personales y originales.
-Teniendo en cuenta que el cuñado de Yeonghye es artista, ¿qué tipo de relación entre arte contemporáneo y capitalismo tardío diría usted que refleja su novela?
-Siento un interés muy grande por el arte contemporáneo que se dirige a este mundo que se está rompiendo y despedazando con el mismo lenguaje roto y despedazado. Este interés influye en mi escritura. Uno de los cometidos más importantes de mis novelas es posar una mirada inquisidora y persistente que no sabe de reconciliaciones sobre este mundo que se tambalea.