Entrevista con Edgardo Rudnitzky (publicada en Ñ)

Edgardo Rudnitzky (1956) es un compositor y artista sonoro argentino, cuyo trabajo se ha vinculado con la música contemporánea y el sonido ligado a prácticas performáticas. Trabajó en colaboración con artistas como Charly Nijensohn y Jorge Macchi. Escribió música para teatro y cine. Recibió numerosos encargos internacionales y premios en todo el mundo. Vive en Berlín.
En la Fundación Proa exhibe desde noviembre último Nocturno, una instalación sonora para quince instrumentos de una sola cuerda, que él mismo diseñó, y que son percutidos por el calor de una vela de manera mecánica y azarosa.
-¿Podría reconstruir el proceso imaginativo que termina concretándose en Nocturno?
-El arte sonoro y gran parte de mi trabajo están nutridos de cables, computadoras, parlantes y sensores, y necesitaba y deseaba retornar a instrumentos acústicos y materiales nobles. Quería encontrar una forma de energía que no implicara electricidad, y regresar a una suerte de “concierto”: que fuera una obra para ser escuchada, aunque sin tiempo, eterna. Me reencontré con viejas obsesiones: la búsqueda del movimiento perpetuo, la música sin instrumentistas, la alquimia, la luz, el calor, los minerales raros (imanes).
-¿Cómo pensó los monocordios?
-Fueron diseñados de la manera más ascética posible, contemplando una buena proporción acústica, y que produjeran una buena sombra. Es un prisma con base cuadrada, de madera normalmente usada para las tapas de las guitarras, madera noble, con puentes también de madera con trastes de alpaca. Sin lustrar, sólo aceite para humectar y evitar rajaduras. Los materiales y la simpleza de construcción y funcionamiento debían estar “expuestos”. El mecanismo reposa sobre otro prisma, también de base cuadrada, que reposa acostado, alineado al monocordio formando en conjunto una L. El mecanismo en sí implica madera, bronce, imanes, cinta bimetálica y una vela. La distribución espacial es fundamental visual y sonoramente. En parte está relacionado a una fantasía que tengo, de cortar un piano en fetas. Tendríamos unas cajas finas y alargadas cada una con una cuerda y una afinación determinada y un mecanismo para percutir la cuerda. Las separamos en el espacio y tenemos una magnificación espacial de ese instrumento, y podemos desplazarnos entre las cuerdas o quedar rodeado por ellas. Podemos transitar entre los instrumentos, por las “notas”. Quedamos inmersos en esta “nube” armónica. No existe intención melódica en la obra, sólo un campo armónico que evoluciona en el tiempo, permanente y siempre cambiante.
-¿Por qué “Nocturno” suena tan bajo? ¿Por qué tanta presencia del silencio?
-El volumen de Nocturno es pequeño. Esto nos obliga a silenciarnos, a concentrarnos, a entregarnos a una escucha que si no deseamos, podemos evitar. La obra es íntima: estamos “dentro” de un instrumento, y el instrumento no necesita sonar fuerte, “gritarnos” para que le escuchemos. Estamos ahí. El silencio está cargado de pequeños sonidos: de la cuerda, del movimiento del mecanismo, de la vibración del péndulo, de las velas que no escuchamos y se consumen. El sonido de la cuerda percutida se desplaza “lentamente” a través de la sala, trazando líneas muy finas. Esa intensidad tenue genera la ilusión de que la propagación estuviera ralentizada. Cuando la intensidad sonora es poderosa, la percepción es que el espacio se llena en su totalidad e inmediatamente.
-¿Qué cambios en la idea de composición se dan en el pasaje de “música” a “arte sonoro”?
-Es complejo definir lo que es el “arte sonoro”. El espectro es inmenso, todos provenimos de lugares muy diferentes y la acción frente al fenómeno sonoro es muy diversa de gestación y de concreción. . Yo vengo de la música, fui instrumentista larga parte de mi vida, luego compositor, como compositor fui deslizándome de la música contemporánea hacia la música de teatro, cine y danza, dirigí teatro y antes de todo estudié ingeniería. Otros vienen de las artes visuales, habiendo tenido algún flirteo con la música, otros provienen de la música electroacústica académica, otros de ninguna parte. Esto se manifiesta en encares y resultados muy diversos. John Cage preguntó: “¿Qué es más musical: un camión pasando por una fábrica o un camión pasando por una escuela de música?” En el arte sonoro la obra es un todo que incluye su componente sonoro más el componente visual, estático o dinámico y de lugar. Esto implica tener en cuenta que cada decisión afecta todos esos niveles de forma simultánea, es un todo, no es una música con un co-relato visual ni la musicalización de un fenómeno visual/espacial.
-Y la interpretación, ¿cómo se vive en el arte sonoro?
-Normalmente, en el caso que lo haya, el intérprete no está exhibido de forma permanente; sí está en las performances o en situaciones excepcionales. En estos casos el intérprete es parte de la obra y debe ser consciente de ello, debe saber cómo fundirse e interactuar con la obra en su totalidad. Podés tener un maravilloso instrumentista pero si es incapaz de mezclarse con la obra es mejor esconderlo. Cuando hablamos de intérpretes estamos hablando de la ejecución de instrumentos tradicionales. Si pensamos en la música electrónica académica, el intérprete es alguien que desapareció hace mucho de la escena. El fenómeno es producido y registrado y la obra es reproducida desde su registro, antes magnético, ahora digital. La obra es eso, sin el intermediario que es el ejecutante.
-En una obra como “Nocturno”, ¿quién sería el compositor y quién el intérprete?
-El compositor soy yo. Intérprete no hay. La pieza se autointerpreta. Desde lo musical es una pieza aleatoria, diría que en estado puro de aleatoriedad por la falta absoluta de instrumentista. Digo esto pensando en la falsa aleatoriedad de las piezas conducidas por computadora donde la computadora es un intérprete con instrucciones para que la obra sea como el compositor desea. Nocturno depende del calor, del estado de la vela, el movimiento de aire en la sala, que a su vez depende de las presencias, del aire acondicionado, de la puerta que se abre y las múltiples combinaciones de estos factores sobre cada uno de los instrumentos.
-Quería pedirle una reflexión sobre la idea de sonido.
-Podemos dejar de ver cuando dejamos de mirar pero no podemos dejar de escuchar cuando dejamos de oír. No hay párpados para nuestros oídos. El sonido es omnipresente, está siempre en nuestro entorno, nunca es un asunto privado, tiene un punto de procedencia, pero múltiples puntos de escucha/destinatarios, el sonido “es” en el espacio y es el que nos permite percibir el espacio en su totalidad, no importa hacia donde miremos. Es el agente a través del cual es comprendido el lenguaje hablado y la música es absorbida. Tiene una impredecible evanescencia. El sonido es presencia, presente. Tiene la ambivalencia de tener una inmensa capacidad referencial a cuestiones ajenas a él cuando es señal/lenguaje (ring del teléfono, palabras) y de absoluta abstracción cuando es sonido puro, sin significante lingüístico, estímulo en sí mismo.