Sobre Raoul Veroni y los libros de bibliófilo (Publicada en Clarín)

Raoul Veroni nació en Milán en 1912, pero a los pocos meses su familia se trasladó con él a Tafí del Valle, Tucumán, donde vivió hasta su adolescencia. Después se trasladó a Buenos Aires para estudiar Bellas Artes. Grabador reconocido, tuvo su época de oro durante los años 40. Durante 25 años trabajó en la imprenta Colombo, aprendiendo apasionadamente todos los oficios que tenían que ver con el libro, y durante décadas fue dibujante en el diario La Prensa.
En 1961, con un crédito del Fondo Nacional de las Artes, armó una imprenta artesanal en su casa. En 1981, presa del mal de Alzheimer, dejó de trabajar. Convalece. Murió en 1992. Su mujer cerró su taller y su único hijo, Ral, artista plástico, se fue a viajar por el mundo. Regresó diez años más tarde. En el 2007 abrió el taller familiar y descubrió y comenzó a catalogar la obra más fascinantes y menos conocida de su padre, la de editor de libros de bibliófilos.
Un libro es un libro impreso en papel de excelente calidad, hecho por un maestro papelero, en una imprenta artesanal, cuidadosamente compuesto y exquisitamente ilustrado, con un colofón (los datos finales, de impresión) del que se ha hecho un arte en sí mismo. La tirada de los libros de bibliófilos es bajísima: apenas unas decenas de ejemplares. Son ejemplares de colección. Y se presentan “en rama”, sin encuadernar, respetando la tradición que dice que los coleccionistas tienen sus propios encuadernadores, que los cosen a su gusto.
Los libros de bibliófilos tuvieron su auge en la década del `20 en Europa, donde la aristocracia argentina pasaba largas temporadas, y se aficionó a esta forma particular de amor a la edición fina. De hecho, en 1929, se fundó en Buenos Aires la Sociedad de Bibliófilos, que cada año mandaba hacer un libro especial para repartir entre sus escasos socios. Los mismos escritores traían consigo de Europa el papel con el que querían hacer sus libros. Los financiaban, y luego regalaban a los amigos. La bibliofilia comenzó a decaer en los años ’60 y sufrió otro golpe a partir de los ´80, cuando la imprenta de tipos móviles fue reemplazada por el offset.
El libro como arte: Raoul Verona y las ediciones de bibliófilo es una muestra que inaugura el jueves 9 en el Museo del libro y de la Lengua y se propone repasar la obra invalorable de Veroni, y a través de ella ofrecer un panorama de lo que fueron los libros de bibliófilos.
Veroni editó 80 libros de este tipo, a razón de dos por año. Para algunos hizo los grabados; para la mayoría, lo hizo todo: compuso, ilustró, imprimó. Los veinticuatro ejemplares de Tres recuerdos del cielo, de Rafael Alberti, en 1943, fueron los primeros que hizo de manera íntegra. Editó a Enrique Banchs, Ricardo Molinari, Silvina Ocampo, Basilio Uribe, Jorge Calvetti, David Martínez, entre otros. También, traducciones de Poe, Keats, Shelley, Eliot.
Fue además un amigo alrededor del cual se juntaron artistas y escritores importantísimos: Juan Rodolfo Wilcock, que tradujo varios libros para él, Tulio Carella, convertido ahora en un escritor de culto, que publicó con Veroni dos volúmenes de poemas: Preta y Los Mendigos, el artista plástico Alberto Greco, que a los 19 años editó para bibliófilos su único libro: Fiesta, y Ricardo Molinari, que además de gran poeta era un especialista en tipografías.
“Había mucha interacción entre el poema y la edición, entre el artista, el imprentero y el poeta”, señala Ral Veroni, que hoy continúa y renueva la tradición de su padre: editó 50 ejemplares de una novela de César Aira, Los dos hombres, y 16 de un Libro de apuntes, de Daniel Santoro.
“Mi padre era muy osado con los colores. Esperaban tonos cetrinos, y él trabajaba con verdes, con rosas. Era una especie de pop de la bibliofilia”, agrega.
-¿El hecho de que de los libros de bibliófilos se hagan tan pocos ejemplares, y sean tan caros, no atenta contra la circulación de los textos?, le preguntó Clarín. -Son libros caros porque lleva mucho tiempo hacerlos y porque se usan materiales de excelente calidad. Y tienen una vinculación muy fuerte con el tiempo. Si está bien hecho, más tarde o más temprano el encuentro del lector con ese libro se produce, contestó Ral Veroni.