Sobre Poemas, 1969-1985, de Osvaldo Lamborghini (Publicada en Ñ)

El primer poema que publicó Osvaldo Lamborghini se titula Soré, Resoré. Salió en la revista Literal 1, en noviembre de 1973. La publicación es casi simultánea a la de Sebregondi retrocede, una novelita que el autor originalmente había escrito en verso. “Hay que cuidar la relación del doble con el cuerpo. / Tantos, por perder el doble/ sin nada se quedaron, como la intención/ de decir, o con esa intención. / Precisamente y vaga, / que nada hubiera fuera de eso, / de ese ras ras: / quitado el doble nada.”, empieza el poema, de cinco páginas de longitud, dividido en dos partes.
El sentido parece desbordar las frases, convocar por un lado una suerte de lectura teórica, casi de desciframiento, y por el otro se declara enunciado en el ámbito “no del entendimiento”. Es una invocación a Soré y Resoré, divinidades clancas de la llanura.
Comillas, itálicas, repeticiones, separación de palabras, una puntuación que recombina la sintaxis, la irrupción de términos desconcertantes (¿qué quiere decir clancas? ¿y ras ras?), rayas, guiones: en la poesía de Lamborghini la escritura se vuelve contra sí misma, borrando sus puntos de sostén, sus articulaciones. Es una escritura constituida por las grietas que amenazan con desmoronarla. ¿O es que nunca alcanzó a constituirse?
Un año más tarde, en la revista Dispositio 1, Lamborghini editará Los Tadeys, un poema largo, de veinte páginas, separado en una pequeña intro y en cuatro partes tituladas con signos de interrogación: ¿Primera invocación a los tadeos?, ¿Notas invernales de un diputado infeliz?, ¿Razonamientos múltiples? ¿Prueba de realidad? ¿Letanía o canción masoquista?, ¿Astucias veraniegas de un diputado corrido, expulsado de su banca?
La intro se abre con una alusión a Mallarmé (dado a pensar/ y al azar de dado) y enseguida expone uno de sus sintagmas más significativos: “Y así no hay relato que progrese/…/ el cuerpo… se triza en el lugar”. La “ambientación” de Los Tadeys podría emparentarse con la ambientación imaginaria de un cantar de gesta con reminiscencias nórdicas narrado por el Marqués de Sade.
Hay una sintaxis de razonamiento, argumentativa, que parece recorrer todo el texto, pero cuyo desarrollo somos incapaces de seguir. Lo significativo parece ser algo que se conformará en una lejanía sólo parcialmente insinuada en algunos sintagmas o términos, que en alguna instancia debería poder reponerse. O no: o lo significativo es lo que se triza en el lugar. El relato que no progresa. ¿O es las dos cosas? ¿O no hay nada significativo, y todo es trituración?
A la manera del dictum joyceano sobre las mejores condiciones para la escritura (silencio, astucia y exilio), responderá Lamborghini diciendo: razonamientos, pubis y esfínteres. “Razonamientos múltiples. /Razonamientos de pubis. /Razonamientos de esfínteres.” La insistencia en la sangre y en lo anal (“les dejo el sexo a los retóricos”) lo vincula directamente con Antonin Artaud. Sade, Artaud (pero también Arlt, Gombrowicz, Genet): hay una cuestión maldita en Lamborghini, que no tiene nada que ver con su vida, sino que está trabajando desde el corazón su literatura. Lamborghini escribe contra. Siempre contra. ¿O está sobreactuando?
Die Verneinung (La negación, su título original), salió publicado cuatro años más tarde en los Estados Unidos, en la revista Escandalar. Treinta páginas, cuatro secciones (Prólogo, o conclusión; Prosa cortada; La madre Hogarth; La frontera), varias subsecciones.
“Qué giros de pensamientos”: Die Verneinung es un poema saturado de cuestiones. La propia escritura (“ineficacia monumental”), lo generacional (“antes había otra generación/…/y ella era sabia en las letras/…/para mostrar alguna verdad/…/con una estupidez casi imposible”), el arte, el psicoanálisis, lo confesional (“me apliqué al intento de ser sincero/…/pero algo mata al ser que se conjuga”. “en mi mundo moral mando yo./ Este alegre imperdón es algo que se consigue después de un largo trabajo”), el lector (“¡Es tan difícil no gustarle a nadie!” “Ahuyenté al lector/…/sin él la literatura se acaba:/ qué pavada”), la política. Sobre el final, la presencia más limpia de lo autobiográfico adquiere un peso dominante.
Por un lado, la poesía de Lamborghini no narra, no representa, en Die Verneinung. Es una escritura de filos, prosaica, no progresante, angular: el tiempo se demora, los sistemas se emperran. Pero por otro está lo que dice odiar: la rima, la canción, el verso llano para el lector amable. En esos momentos las imágenes funcionan como metáforas, y a través de las metáforas la narración progresa a buena velocidad. Los dos formatos, enfrentados, aparecen incluso de manera intercalada en cada poema. El poema sin embargo no sigue una línea, sino que las distintas secciones se desencastran entre sí, como si el poema volviera a escribirse cada vez, en un lugar diferente. ¿O se trata de otro poema?
Die Verneinung tiene un cierre muy melancólico, que habla de los “síntomas de un decaimiento general” y de la “facultad de escribir que se pierde”. Parece ocupar el lugar de una coda.
Esto tres textos, más Cantar de las gredas en los ojos, que Literal había publicado en 1975, son los que integraron el libro Poemas, que Tierra Baldía, la editorial de Fogwill, publicó en 1980. Son también, con la excepción de En el cantón de Uri (fragmento), que salió en Escandalar en 1981, los únicos poemas que Lamborghini, que murió en Barcelona, en 1985, publicó en vida.
Recién en 2004, con la edición de Poemas, 1969-1985, que recoge toda la poesía que escribió, y que pudo encontrarse, pudieron conocerse los poemas que Lamborghini escribió una vez que dejó de publicar. Los inéditos representan la parte mayoritaria del volumen. “Los manuscritos, en cuadernos, agendas, hojas sueltas, muestran todos los estadios, desde la anotación casual de unos pocos versos hasta el poema largo o serie de poemas, de desarrollo muy elaborado, aunque siempre hay un aire de “borrador definitivo” en toda su poesía. En el último período, el de los años 1983 a 1985, que corresponde a su segunda estada en Barcelona, se impuso definitivamente la anotación improvisada de poemas, quizá porque los desarrollos elaborados se concentraron en la materia novelesca”, señala César Aira, el editor, en las Notas al libro.
Algunos de poemas hallados pertenecen a proyectos de libro, por lo que aparecen especialmente identificados. Son los Poemas dedicados, y La Divertidísima Canción del Diantre. El primero de los poemas dedicados se titula Raschella in the night (para Sergio Rondán. Un verso de Raschella (“¡Dios mío, lo horrible!”), aparece varias veces citado en los poemas de Lamborghini. Otro de esos poemas está dedicado a Hugo Savino. “Lo único original que tuve en la vida fueron mis mujeres”, concluye.
Al igual que cuando la aparición de los primeros poemas, del libro que sacó Fogwill, o de la primera edición de Poemas, 1969-1985, la reedición, ahora, de este último volumen, vuelve a enfrenta al lector con la vigencia ineludible de una poesía desconcertante.
Eso desconcertante que hace a la poesía de Lamborghini tal vez tenga que ver con el lenguaje saturado de referencias, de indicios de sentido con que escribe, con la multiplicidad de direcciones, de “temas” que aborda. Pero también es posible que pase por otro aspecto.
El uso de diferentes tipografías y tamaños de letra, las ya mencionadas operaciones a que somete a las palabras, la particular y enfática utilización que hace de los signos de puntuación tienen como efecto, a la manera de Mallarmé, la descomposición de la superficie poética en una serie de planos que se despliegan simultáneamente, pero que acá sólo se hacen visibles en el momento en que se intersectan. Como si en vez de haber una sola voz poética, hubiese una por cada plano, y la poesía de Lamborghini estuviese constituida por esos momentos brevísimos en que las distintas voces dialogan entre sí. De ahí el carecer dispersivo y disruptivo de sus poemas, pero también cierto rasgo fonológico: la poesía de Lamborghini es la de alguien que continuamente escribe hablando consigo mismo.
De ahí también cierta hermeticidad, cierta sintaxis de razonamiento cuyo hilo se nos escapa, porque sólo se nos muestra cuando llega a la boca. El “lacanismo” de su poesía funciona como un motor que extiende y desajusta, no como una herramienta de desciframiento.
Si bien la poesía de Lamborghini exhibe un nivel muy parejo y un gran homogeneidad formal (donde en todo caso elementos que no se utilizan demasiado en algunos poemas sí tienen presencia en otros, no por una sucesividad evolutiva), su obra no es monolítica ni estuvo dada de una vez y para siempre. En Poemas, 1969-1985, hay un recorrido que puede seguirse.
Si en los textos ya descriptos predominaba una cuestión “materialista”, “física”, apoyada en la opacidad de la lengua, en lo abrupto, en lo trabado de la frase, eso irá decantando hacia una poesía más rítmica, con una acentuación más ágil, de juegos de palabras, habitada por una mayor densidad de frases apodípticas (“casi un koan”) que exhiben una ilusión de sabiduría.
Se irá enfatizando además algo de una “poética”: si antes Lamborghini escribía, ahora escribirá sobre el escribir. Y si antes escribía sobre el no poder escribir, ahora escribirá sobre el no haber escrito. Este es un Lamborghini más cercano a Macedonio Fernández.
Hay una toma de distancia con respecto a lo que se hizo, una toma de distancia que de alguna forma le permite resignificarse. La poesía de Lamborghini es la poesía de un sujeto que continuamente se piensa como escritor, y que se describe escribiéndose como tal. Casi podría decirse que el gran tema de la poesía de Lamborghini es la poesía misma, la escritura. El grado de autoconciencia, de autocrítica, que emerge a lo largo de los poemas, esboza un modelo de escritor singular y parcial, proclive al mito. También se acentúa la presencia de lo autobiográfico. Mucho más desnudo, menos mediatizado por la sintaxis, que en su prosa, por ejemplo. Cuanto más autobiográfico, más emotivo pero menos desconcertante se vuelven sus poemas. Como si la reconstitución del sujeto atentara contra la dispersión del texto. La nueva velocidad de escritura que exhiben los textos tiene su correlato en una suerte de tensión lineal que los estira y desarma en pedazos.
Que escribir sobre uno mismo finalmente no es hacer literatura sino vida es uno de los supuestos sobre los que se sostiene la idea de las escrituras post autónomas. En este espacio, Lamborghini vendría a ocupar el lugar de gran habilitador de muchas de las experiencias escriturarias del presente. Los efectos de la desarticulación del sujeto, de la voz poética, sobre la poesía contemporánea, es algo que está por verse. Pero posiblemente en algún momento implique un cambio de paradigma bastante marcado. Leído en la órbita del neobarroco, parece perder algo de su visceralidad. Más allá del mito construido a su alrededor, podría pensarse que la literatura de Osvaldo Lamborghini recién está llegando. ¿Será alguna vez el canon de lo que viene? ¿O estará siempre llegando?
Una gran tristeza atraviesa toda su poesía.