Sobre En Rimbaud Tilcara, de Remo Bianchedi (Publicada en Ñ)

En Rimbaud Tilcara es un libro tan sencillo, tan directo, tan personal, que puede confundirse con un libro rarísimo. “Raro” como no ser del espíritu de la época, prescindir y no destruir, “dibujar un dibujo que represente un dibujo”, convertirse en piedra, estar volcán o reducirse al estado de respirador. Raro como transformarse en otro, para que nada ni nadie sea otro. ¿Es entonces cuando empieza la poesía, podría preguntarse uno, o es entonces cuando termina? ¿Qué diría Rimbaud al respecto?
A un diálogo de matriz casi ubuesca entre el poeta francés y Sócrates, sigue un texto heterogéneo, largo, en verso prosaico, que por momentos amaga con ser confesional, por momentos es una sucesión de imágenes, a veces se transforma en un listado (de consignas, de oficios), en una plegaria, en una suerte carta cívica, y finalmente en un conjuro. Algunos versos son de una palabra, otros de oraciones unimembres, otros de frases verbales. El collage es uno de los principios constructivos de En Rimbaud Tilcara. En la combinación entre el sentido intermitente del texto y los ritmos variados de la lengua se juega la enorme eficacia mántrica del libro.
El de Bianchedi es un texto chamánico, como pueden ser chamánicas la caída sin fin, hasta la glosolalia tribal, del Altazor de Huidobro, los pensamientos sin lenguaje de los poemas largos de Picabia, el Aullido pos racional de Allen Ginsberg. Es el “desacato de las representaciones”, la “liberación de las imágenes”. “Sagrado el que ya no desea convencer, atrapar, morder, comer, ni convertir al otro en idea”, dice. En Rimbaud Tilcara no es un libro que impulse desde dentro el género poético, expandiendo su campo. Es un texto que, por propia voluntad, como si se pudiese, con sólo quererlo, ha elegido comenzar desde afuera. En otro lugar. Fueron los rusos los primeros en decir que las historias se transmiten de tíos a sobrinos, y no de padres a hijos. El libro de Remo Bianchedi cruza la literatura en diagonal.