Sobre Darío Cantón, a raíz de la aparición del tomo V de De la misma llama: Malvinas y después (1980-1989) (Publicada en Perfil)

A mediados de los ‘80, Darío Cantón ya había publicado una obra poética de importancia, integrada por seis libros muy distintivos, que para críticos como Martín Prieto constituyen uno de los primeros antecedentes del objetivismo en la Argentina. Se trata de La saga del peronismo (1964), Corrupción de la naranja (1968), Poamorio, (1969), La mesa (1972), Poemas familiares (1975) y Abecedario Médico Cantón, (1977). Corrupción de la naranja describe el proceso de putrefacción de una naranja a lo largo de varios meses; La mesa, publicado sin mención de autor, aborda diferentes definiciones del objeto “mesa” e incluye varios índices y material bibliográfico. El Abecedario Médico es un pequeño diccionario ilustrado de “amasijos y recocciones verbales”. La saga del peronismo sigue la cronología histórica del movimiento en una serie de estampas. Cantón, que no volvería a publicar libros de poemas, escribe poesía en versos cortos, prosaicos, con un sujeto distante y un humor directo y “anti poético”.
En ese entonces también tenía en su haber Asemal, una delgada publicación de poemas propios que envió por correo entre 1975 y 1978 a un listado de aproximadamente 700 personas, en el país y en el exterior. “Lea despacio, mastique bien las palabras”, decía el encabezado. Asemal no sólo era La mesa al revés. Era además “un antídoto contra las instituciones empeñadas en hacer bien”.
La correspondencia surgida a partir de los envíos adquiriría un papel central en la experiencia. No sólo como voluntad de vincular en un momento en que los vínculos estaban siendo aniquilando; Asemal puede pensarse como un mecanismo para generar una correspondencia que funcionara como testimonio.
La publicación dejó de mandarse por sobrecarga de trabajo y de costos, y en una carta de despedida, en 1979, Cantón anunció a los suscriptores su voluntad de ponerse a trabajar en una suerte de autobiografía intelectual. “Algo que tiene que ver con la cocina del oficio” de escribir, y que había empezado a enviar como El cuento del poema, suplemento de los últimos números de Asemal. Ahí reemplazaba al poema por la anécdota de su generación, de las distintas versiones del mismo, del proceso de corrección, y luego lo reproducía en su instancia final.
Cantón tiene entonces poco más de cincuenta años. Es sociólogo. Se ha formado con Gino Germani, ha pasado una temporada becado en la Universidad de California y ha sido investigador en el Instituto Di Tella. Como sociólogo, tiene publicado varios trabajos con amplio reconocimiento: El parlamento argentino en épocas de cambio (1966), La política de los militares argentinos (1971), Elecciones y partidos políticos en la Argentina (1975) y El pueblo legislador. Las elecciones de 1983 (1986).
Ser escritor, para Cantón, ha sido desde siempre dejar una obra. Pero la poesía y la sociología forman parte de un mundo de esperanzas que, confiesa, para él se han desinflado o perdido sentido. Visita varias veces una réplica de la tumba de la reina Nofretari, del Antiguo Egipto, en el Centro Cultural San Martín. Se pregunta por la supervivencia de los testimonios gráficos atesorados en esa tumba durante más de treinta siglos. Alquila una oficina en el microcentro, que le permite reencontrarse con una enrome cantidad de papeles personales y familiares. Esas experiencias lo retrotraen a una serie de ideas, de proyectos de escritura que han quedado en estado embrionario, apenas esbozadas.
“Creo que lo fundamental de todo esto que me está pasando es la idea de hacer lo que uno quiere mientras está a tiempo”, escribe. La liquidación de una herencia le permitirá dejar la sociología y dedicarse exclusivamente a su nuevo proyecto: De la misma llama.
Seguramente sea de una de las obras más originales y menos conocidas de la literatura argentina contemporánea. Se trata de una autobiografía muy particular, heterogénea, que tiene ya seis tomos publicados y acumula casi 3000 páginas de texto e ilustraciones. La historia y la arquitectura de la obra dicen que el tomo IV. La historia de Asemal y sus lectores (1975-1979), fue el primero en publicarse, en el 2000. El tomo I. Berkeley (1960-1963), salió en el 2004; el II. Los años en el Di Tella (1963-1971), en el 2005 y el III. De plomo y poesía (1972-1979), en el 2006. El tomo VI. Nue-Car-Bue. De hijo a padre (1928-1960) salió en 2008 y el V. Malvinas y después (1980-1989) acaba de ser publicado.
Paradójicamente, si una autobiografía se escribe para señalar las particularidades de una historia de vida, las particularidades de la historia de vida de Cantón se despliegan para constituirlo, más que como una subjetividad, como un caso. Un caso que pueda ser fácilmente comparable con otros casos.
El mismo lo describe: “Es la vida de alguien nacido en una determinada familia, con padres con tal historia, enmarcados todos en una casa (vivienda), en una zona ecológico (barrio), de una ciudad o un pueblo pertenecientes a una división administrativa de un país, ubicado en un continente, todos con sus historias peculiares según los ángulos de la mirada, dentro de una etapa determinada del desarrollo mundial, con sus conflictos internacionales. En medio de todos esos cruce, alguien nace y se muere”. Más que en un lector, Cantón piensa en un observador del futuro.
El Flaubert de Sartre, los textos de autoanálsis de Freud, la Vida de Henry James que escribió León Edel, y algunos trabajos de Philippe Lejeune sobre la biografía le sirven como estímulo para su trabajo.
La contrafigura de ese lector corrido a una instancia previa, la del observador, se corresponde del otro lado con la figura de un narrador que no termina de convertirse en escritor. No narra a través de una escritura particular que se apropia y conjuga los materiales, sino que dispone, reproduce y exhibe estos materiales directamente, en un estado de procesamiento anterior a su subjetivación en un estilo. Como una suerte de “realia”, u objetos “reales” que irrumpen en un mundo simbólico, aunque en el caso de Cantón estos objetos reales tienen a constituir el todo del mundo textual, más que a irrumpir en uno ya constituido.
Cartas de ida y vuelta, textos varios, breves señalamientos anecdóticos, útiles por los datos duros que brindan más que por su formulación literaria, reflexiones, minuciosos ensayos de opciones para definir determinados estados de las cosas, más en el ánimo de un informe de situación que de un relato. Sus libros autobiográficos incluyen, íntegros, como si se los hubiesen fagocitado, sus libros de poesía. Desde lo visual, los libros de Cantón, especialmente los dos últimos, por la abundancia de imágenes, son maravillosos. Ha logrado darle a la edición de las imágenes incluso más íntimas un aspecto testimonial que las extraña y pone en relieve de un modo muy particular.
En Malvinas y después, por ejemplo, hay, entre muchas otras, facsimilares de: planillas con los detalles de sus operaciones a plazo fijo; un cuadro de Goethe por Tischbein; el presupuesto para una operación de ojos; cuadros de su hijo mayor; el contrato de locación de su oficina en la calle Bartolomé Mitre; el índice de un volumen de reglas de etiqueta y cortesía de su madre; completo, un refranero criollo ilustrado por Lino Palacio; distintos gráficos de intentos de clasificación por código numérico de sus poemas (el primer dígito para identificar quién habla, el segundo, de qué habla, el tercero, el tipo de habla… y así hasta nueve: al poema La verdad, le correspondería la categoría 231132222); la portada del primer número del Diario de Poesía; una serie de fotos del departamento familiar de Plaza del Congreso, tomada para el proyecto por el fotógrafo Oscar Balducci; fotos de los compañeros de un hijo en la Universidad de Tufts, donde estudiaba; el menú del comedor de la Universidad de Tufts; la denuncia por una estafa en la compra de un pasaje; los primeros diseños de página para los volúmenes del proyecto, de Juan Andralis; tabla de evolución del dólar para los meses comprendidos en el período.
Malvinas y después es particularmente interesante porque es el tomo que incluye lo fundamental del proceso de gestación de De la misma llama, incluyendo la escritura de los primeros volúmenes. Si en el resto de los tomos Cantón había trabajado sobre la “vida de sus poemas”, en Malvinas y después escribe sobre la vida del proyecto de escribir sobre la vida de sus poemas. Es el bucle infinito e imposible de la existencia escapándose siempre por delante de la escritura que quiere significarla. Esta fuga de lo vital le da al proyecto un carácter ciertamente melancólico. Como si fuese una larga coda, el libro se cierra con la desgrabación de las devoluciones que le hacen sus pre-lectores iniciales a los primeros originales que Cantón hace circular entre ellos. El libro no sólo incluye un registro el mundo sino también la lectura que el mundo hace de ese registro, pero no como si aspirase a constituirse en una obra total. ¿Como qué, entonces?
Actualmente Cantón trabaja en el último tomo del proyecto: VII. La yapa (1990- ).