23 escritores eligen la mejor novela de Aira (Publicada en Perfil)

Buscando ese placer esencial de conocer y transmitir gustos y razones, Perfil preguntó a un grupo de escritores cuál era la novela de César Aira que más les gustaba, y por qué. Aquí las respuestas.

Gabriela Bejerman
El volante. Una mujer que promociona un servicio escribe un volante a sus vecinos. El volante se extiende y se convierte en una novela, de Aira. En un momento, es imprescindible narrar el argumento de otra novela, un bestseller romántico real. Una frase me voló la cabeza: “el elefante pasa de la India a la novela”. La lección de Aira, “la literatura es el territorio donde todo es posible”, quedó configurada para mí en ese territorio exótico, subida arriba del elefante. Vi el portal a través del cual se tocan (toquetean) ficción y realidad. Fue una invitación. Magia rebelde.

Mariano Blatt
El vestido rosa. Una novela de frases y paisajes. Cada oración producía mucho placer, valía la pena releerla, un poco más lento, para hacer durar el estado en que me ponía. Eran oraciones que terminaban varias líneas más abajo, en las que las palabras, los giros, las construcciones daban cuenta de una relación inspirada y fascinada con el lenguaje. A eso se le sumaba el paisaje: el límite entre la pampa y el desierto, los amaneceres y atardeceres gloriosos, parajes en el medio de la nada. Como un chiste entre tanta inmensidad, un vestidito rosa, que cambiando de mano hacía avanzar la historia, que era lo que menos me interesaba.

Ramiro Quintana
La costurera y el viento. Es la primera novela de Aira que leí. El desconcierto que me producía su lectura se manifestó en mí en continuos cambios posturales, propios de quien no sabe qué está haciendo ese artefacto con uno. ¿Qué tenía esa novela tan distinta a todas las ficciones que había leído? El don de situarme frente “a las palabras antes de que hagan frases, cuando todavía son puro presente”. Como si las palabras haciendo frases, no fueran sino consecuencia del grado de estimulación del ojo lector.

Elvio Gandolfo
La vida nueva, porque sigue su tema y su impulso hasta al final, sin entregarse al placer o al vicio personal de pinchar el primero o interrumpir el segundo. Porque mantiene un vínculo fuerte, entre teórico y poético, con la realidad creativa. Porque es un homenaje con nombre y apellido a un discreto y genial editor argentino, Horacio Achával, que aparece tal cual. Porque maneja el tiempo en estiramiento de editor y autor hasta convertirlo en metafísica. Porque hace un sobrevuelo agudo y divertido del mundo editorial entre los 60 y los 90.

Selva Almada
El mármol, porque ya en la segunda página estás metido en un vértigo alucinante que termina en una espiral de demencia. Algunos críticos ponen en tela de juicio “el compromiso” de Aira: Aira no es un escritor comprometido, refunfuñan. ¿Con qué?, me pregunto. A la literatura le pido que vuelva a ser entretenida; es lo que uno busca en los libros cuando empieza a leer. Las novelas de Aira son tan endiabladamente entretenidas que no puedo más que agradecérselo con todo el corazón.

Rafael Spregelburd
Aira tiene la facultad de sintonizar con cosas muy diferentes de mi cabeza. Hoy elijo La confesión, por motivos de deformación profesional: me parece que contiene mucho teatro del bueno. Hay en Aira una teatralidad rara, esquiva, muy moderna. Siempre pienso estos textos como adaptaciones para el teatro. La situación de base, con una convención muy sencilla, muy teatral, se va abriendo cada vez más y cuando te querés dar cuenta estás atrapado en una red infinita donde es imposible predecir el próximo nudo. Los dramaturgos tenemos mucho que aprender de la enorme libertad que contagia su prosa desbocada.

Lucas Soares
Me interesa de Aira su forma de leer la literatura y las relaciones de fuerza en el campo literario, que opera de manera esporádica y disruptiva, como su manera de moverse y de intervenir. Es una estrategia signada por la dislocación y la hiperpresencia textual, reforzada por una ausencia mediática. El desenmascaramiento del sistema de poses, el rescate de escrituras guiadas más por la sonoridad que por el sentido, y una marca muy personal de lectura. Si tengo que elegir me quedo con los ensayos Copi o Alejandra Pizarnik. El Aira lector, el menos prolífico, es el más estimulante.

Inés Acevedo
La vida nueva. Al mostrar cómo uno de sus primeros libros estuvo en riesgo, su obra queda en abismo. Cada libro podría no haber nacido. Aira debe haber escrito muchos textos que permanecen en la oscuridad. Muchos escriben una (¡1!) novela y la tienen en un maletín. Es su Obra y quieren publicarla. La vida nueva demuestra que una novela no es una obra. El hecho de que esté ligada a la materialidad de un Libro conclusivo e inmodificable no nos debe hacer pensar que es una Obra. La literatura es algo más que tinta y papel, nos dice Aira.

Quintin
El mago es un libro de Aira sobre Aira. El mago del libro, el único mago verdadero, el que no necesita engañar al espectador para consumar sus trucos, es el escritor. Aira es el único escritor verdadero y la novela, una puesta en abismo cargada de espejos, revela en su comicidad la imaginación, la destreza y la inteligencia del autor, pero también un más allá del oficio literario. El mago pasa de la confesión a la abstracción con una elegancia (o con una falta de ella) proustiana, y es también una apología de la literatura como única megalomanía inofensiva y ecológica que haya conocido la civilización.

Virgina Cosín
Recuerdo cuando empecé a leer a Aira como quien recuerda a qué edad empezó a fumar. No era el autor hiper prolífico que es ahora y mis lecturas no le siguieron el ritmo. Mi preferida es La luz argentina. Me maravilló su plasticidad. Imágenes que persisten: las descripciones del vientre de Kitty, la protagonista. La forma en que Aira lo va hinchando, a medida que avanza con el relato. Lo familiar que se vuelve monstruoso y esa gran metáfora de la luz, como sucede con la fotografía: para que la imagen haga su aparición, se necesita oscuridad. 

Leandro Avalos Blacha
Yo era una mujer casada. La narradora enfrenta atemorizada el mundo del marido que, como proveniente de una civilización lejana, solo muestra la costumbre de idear maltratos y de entregarse a los vicios. Es un ama de casa de provincia que sortea sus horas entregada a su imaginación y a los pensamientos con la mirada extrañada de un viajero. Su lengua es tan elegante como ensoñada y ajena al mundo precario del que surge. Ella es una máquina de rememorar o inventar cuadros de su vida y del matrimonio con un monstruo que es capaz de obsequiarle en una bolsa, sonriente, las cabezas seccionadas de sus padres.

Luis Chitarroni
Hay historias que se pegan al momento en que se leen, y que como no tienen una diferencia cronológica importante en relación a éste, lo insinúan, lo comentan o lo subrayan. Eso me pasa con Los fantasmas, que acarrea una teoría del realismo, una estética de la lavandina muy nuba, los fantasmas refrigerados más simpáticos del mundo y el andamiaje que le permite a la Patri balancearse ambiguamente en su condición de invitada única. El bautismo, si no recuerdo mal, divide en dos el tiempo del relato y define unas notas graves que en muy pocos casos volverán a dejarse oír.

Patricio Pron
La mejor novela de Aira, mi favorita, es lo que podríamos llamar la novela del autor; es decir, la historia del escritor patológicamente tímido que produce sin cesar de acuerdo a cierto procedimiento que Aira nos ha estado contando desde que apareció en la escena literaria. Que esta es su mejor novela queda de manifiesto en el hecho de que esa novela del autor no es el resultado de los textos que parecen contribuir a ella, sino su condición de posibilidad.

Carlos Ríos
El náufrago. Dos postales hipercodificadas (la del náufrago y la de la celebración del Año Nuevo) sometidas a un mecanismo de montaje por simple sucesión, abismándolas. La relación está a la vista y a la vez es remotísima. El pasaje entre un polo y otro sucede sin más transiciones que un punto y seguido. Esa corriente alterna que circula por cada puñado de páginas que Aira nos ofrece bajo la forma de novelas me hace sentir un lector afortunado, de esos que abren un libro y encuentran, en cada descubrimiento, la felicidad de estar en el mundo.

Juan Terranova
Ema, la cautiva. Es la verdadera novela de reivindicación indígena argentina. Con esos indios sabios, ociosos, promiscuos, jugadores, es hermosa, brutal, sensual. Hacia el final, lentamente empieza a mostrar que el artificio es válido y resulta finalmente la única salida de la literatura: asumirlo y sondearlo. La construcción del Indio culeado, pobre, roto que hace Osvaldo Bayer y sus amigos me parece una mala operación de prensa que apela a la culpa. En cambio la construcción de Aira me encanta: el indio sabio, filosófico, romántico, que está más allá del bien y del mal.

Damián Tabarovsky
Cito lo que contesté a la revista La Rana ante una pregunta similar: “Extremando la tradición de la vanguardia que descree de las categorías de alto y bajo, culto y popular, y de las ideas de calidad literaria y de talento, la obra de Aira es la gran manifestación argentina del arte conceptual. Necesita que extraordinarios textos se entremezclen con otros fallidos, porque el arte conceptual va más allá de la diferencia entre lo bueno y lo malo, lo bien terminado y lo fragmentario. Es irremediablemente original”.

Esteban López Brusa
¡Qué difícil! Me gustaría imaginar y optar por El abanico. ¡Epa! Que no exista es un detalle insignificante para su literatura, el azar mismo interviniendo, (¿quién apostaría a que no existe?). Pienso en su huidizo modo autobiográfico, que es uno entre varios cromosomas de un registro de lectura que su literatura instaló entre nosotros; y en su apuesta ascética y radical para abrir el sentido; y en la afectividad del tono; y por supuesto en esos finales delirantes, que hay que ver por qué han generado tantos incrédulos, si son la garantía última de su realismo, un realismo que se expande como el universo.

Ariel Idez
De los grandes grupos o "ciclos" aireanos (Flores, Panamá, etc) mi preferido es el del Siglo XIX (Ema, la cautiva, Moreira, Un episodio en la vida del pintor viajero), y de todas esas novelas, La liebre es la que más me gusta. Ahí Aira parece responder a los que lo criticaban por "malograr" los finales y construye un “grand finalle” de hiperclausura narrativa. Fue la primera novela de Aira que leí. Envidio de los no-lectores de Aira que todavía tienen por descubrir esa iluminación literaria.

Ricardo Strafacce
Las aventuras de Barbaverde. Más que nunca, en este libro Aira despliega la increíble invención de peripecias que le es connatural con una delicadísima poesía narrativa. En la instancia de elegir una escena, me acuerdo ahora de la subasta de los números, aunque quizás soy injusto con aquella otra, en la que unos ignaros estudiantes rosarinos, becados de casualidad en Egipto, se desternillan de risa escuchando hablar en inglés a un chino creyendo que está hablando en chino. Ignoraban el inglés, dice Aira, tanto o más que el chino.

Rafael Cippolini
De Canto Castrato me sigue intrigando su protagonista, el Micchino, un personaje que se impone, mucho más que cualquier otro de los suyos. En este extenso relato el exceso no expone tanto su procedimiento. Es más espeso, menos frenético. La costurera y el viento me parece un ejemplo acabadísimo de su ars narrandi, una perfecta puesta en abismo de su sistema. Y Las ovejas, porque es una novela de tesis. Aira es un polemista inteligente y este libro un hallazgo. Me atrae tanto la teratología aireana como sus aires de época: qué gran personaje que es la liebre legibrereana.

Cucurto
Los fantasmas. La primera vez que la leí no sabía que se podía escribir de Buenos Aires de una forma tan real y actual, con obreros viviendo en una obra en construcción y una familia de clase media que espera su primer departamento. La imaginación de la trama es perfecta, tiene una mezcla de literatura fantástica y realista que no volví a ver en ningún escritor argentino. ¡Una verdadera obra maestra! La genialidad de César, como la de Salvador Dalí o Andy Warhol, no conoce límites ni fronteras.

Oliverio Cohelo
La luz argentina. Podría tomarse como un modelo de literatura amorosa por fuera del amor y sus convenciones argumentales. Todo transcurre en un departamento de Flores, en un espacio ensimismado, casi hechizado por la fatalidad eléctrica que cerca la vida de una pareja. Hay una poética genial en los cortes de luz loopeados que dividen el relato en zonas que son a la vez pequeñas pesadillas y diagraman la vida íntima de Kitty y Reynaldo. Quizás el hecho de que no se haya reeditado colabore para que en mi memoria aparezca eternizada.

Jorge Carrión
Las aventuras de Barbaverde. Me interesa mucho la lógica esperpéntica a la que somete el género de los superhéroes, convirtiendo al superhéroe y al supervillano en dos figuras desdibujadas, al fondo del horizonte, mientras que las aventuras reales ocurren un tanto al margen de esa lucha, La gran escena final en Egipto, con el festival de arte contemporáneo, la lucha de edificios faraónicos, los robots chinos y los villeros rosarinos me parece uno de esos momentos de Aira en que todo está tan concentrado que es inevitable la explosión.