Nota sobre Virginia Woolf, publicada en Clarín

Virgina Woolf (1882-1941) decía que había historias que cada generación tenía que contar de nuevo. La misma historia de Virgina Woolf fue contada infinidad de veces, desde las primeras biografías que se le dedicaron, cuando aún estaba viva, hasta películas recientes como Carrington, o Las horas, donde la escritora aparece como personaje central de la trama. Su vida y su obra fueron leídas en “claves” diferentes: vinculándola con el grupo de artistas de Bloomsbury, al que pertenecía, y que tendía hacia una estética vinculada con el pre rafaelismo del siglo xix, o relacionándola con la literatura de vanguardia del siglo xx, emparentando sus novelas (Las olas, Mrs Dalloway) con las de James Joyce. A partir de los años 70, la clave de lectura fue el feminismo, anclado en sus textos más autobiográficos, como Un cuarto propio y los cinco tomos de sus Diarios.
Varias editoriales locales lanzarán este año libros de y sobre Virgina Woolf, aprovechando que transcurridos setenta de su muerte, sus textos pasan a ser de dominio público, pero posibilitando, también, que su vida y su obra vuelvan a ser contadas, y leídas.
La Bestia Equilátera publicará La muerte de una polilla y otros ensayos, una serie de artículos críticos poco conocidos de Woolf recopilada por su marido, Leonard. La muerte de la polilla hace referencia a la posibilidad de transformar una insignificancia en una obra maestra literaria.
“Virgina Woolf fue una crítica excepcional. Su precisión sintáctica y sus definiciones conceptuales son asombrosas. Nunca está conforme con lo anterior, y jamás adapta y aplica ideas recibidas. Tiene una impronta de genio que no se encuentra prácticamente en ninguna otra escritora”, señala Luis Chitarroni, editor de La Bestia Equilátera.
El libro, traducido por Teresa Arijón, incluye un artículo sobre Henry James en el que Woolf recuerda, de su infancia, que James dictaba sus novelas mientras se mecía en una silla, y Virginia y su hermana Vanesa esperaba que alguna vez se cayera para ver si después del accidente él era capaz de retomar por sí solo las complejas, precisas e interminables frases que caracterizan su estilo de escritor. Hasta que un día James se cayó, y luego de levantó, y siguió dictando como si nada.
Cuenco de Plata lanzará en los próximos meses Freshwater, la única obra de teatro que escribió Woolf. Se trata de una pieza sobre la vida desprejuiciada, delirante, de su tía abuela, una de las pioneras absolutas de la historia de la fotografía, Julia Margaret Cameron. La versión de Freshwater es de María Emilia Franchignoni, que el año pasado dirigió el elogiado estreno de la obra en castellano. Franchignoni tomó como base la versión del texto de 1935 y le agregó cuatro parlamentos largos correspondientes a una primera escritura, de 1923.
El libro también incluye un ensayo de Woolf sobre su tía abuela, y fotos de la Cameron de los personajes familiares incluidos en el texto. Y se completa con cuatro críticas de teatro de Woolf.
La misma editorial tiene en carpeta para la segunda parte del año la publicación de otros dos libros de Virginia Woolf: Flush, una biografía, que es la vida Elizabeth Barrett Browning contaba desde el punto de vista de Flush, su perro, y Un cuarto propio, uno de sus textos más conocidos, en el que examina las dificultades que enfrentan las mujeres para crear y vivir en un mundo manejado por los hombres.
Para mitad de año, Taurus anuncia La vida por escrito, un trabajo de casi mil páginas de la investigadora Irene Chickiar Bauer que toma como eje la vida de Virginia Woolf y sigue todo el proceso de escritura y recepción de su obra hasta la actualidad.
“Woolf es una figura fundamental de la literatura del siglo XX, y los problemas que plantea siguen absolutamente vigentes. Leí las biografías disponibles en inglés y castellano y me pareció necesario escribir una nueva. Las que hay en inglés dan por sentado cuestiones que los hispanohablantes no tienen por qué conocer, y dividen la vida por temas: Infancia, Bloomsbury, Matrimonio, Locura. Las que hay en castellano tienen veinte años o más y no consideran muchísima bibliografía que incluyo en mi trabajo”, señala Chickiar Bauer.