Nota sobre Palimpsestos, de Mauricio Kagel, publicada en el Sup. Cultural de Perfil

Mauricio Kagel nació en Buenos Aires en 1931. Tomó clases particulares de piano, clarinete, cello, órgano, canto, conducción y teoría musical, pero jamás fue alumno de conservatorio. Estudió Filosofía y Letras, asistió a los cursos que daba Borges en el Colegio Libre de Estudios Superiores y tuvo una relación muy estrecha con Witold Gombrowicz. Hizo crítica de libros y fotos en la revista Nueva Visión y se vinculó con la agrupación Nueva Música, que lideraba Juan Carlos Paz; con Federico Kropfl, investigó las primeras posibilidades de la música “concreta”.
Sus ideas compositivas las empezó a desarrollar mientras pegaba pedazos de película que recibían de la Europa en guerra en la Cinemateca Argentina, de la cual fue uno de los fundadores. El montaje y el corte son dos elementos esenciales del trabajo compositivo de Kagel. Por el montaje era capaz de distinguir cada una de la docena de versiones de El perro andaluz que había visto.
Admirador de Jonas Mekas, Kagel fue un cineasta excepcional. Basta con ver Ludwig van, la película que rodó en 1967 con la colaboración de varios artistas fluxus, en la que cuestiona el rol de los administradores de la tradición, para reconocerlo de inmediato.
Con el surrealismo comparte la ironía desconfiada y vitalizante que recorre sus trabajos. Los conceptos de teatro instrumental, de anécdota acústica, de obra radiofónica, y la ampliación del campo instrumental, dando por extinguida la orquesta, son centrales en sus espacios de interés.
El crítico Richard Whitehouse señaló que sus primeras obras maduras, como String Sextet (1953), el coral Anagrama (1957) y la orquestal Heterophonie (1961), están marcadas por la influencia de figuras de la vanguardia como Pierre Boulez y Karlheinz Stockhausen.
Fue Boulez, en una visita al país en 1954, quien después de haber visto las partituras de Kagel, le aconsejó que abandonara la Argentina. Con una beca del gobierno Alemán, en 1957 Kagel se instaló en Colonia, ciudad en la que residió hasta su muerte, en 2008.
“Soy un compositor que, según el estado de ánimo, conocimiento, simpatía o simplemente el poder de imputación de quien escriba, es tildado de sudamericano, argentino, argentino-alemán, alemán, oriundo de Colonia, oriundo de Colonia por elección o, lista y llanamente, judío”, se desmarcó en una conversación con Werner Klüppelholz.
Durante los ‘60 trabajó en el desarrollo del teatro instrumental, que tuvo una vastísima influencia en la música contemporánea. Escribió en 1966, para un curso de la Escuela de Darmstadt: “La escritura de las obras dramático-musicales debe ser lo suficientemente imperativa como para tener parte decisiva, más allá del estilo, en la realización escénica. El nuevo teatro musical se caracteriza por tener ante el público por una actitud realista, concreta con respecto al material. No se generan ilusiones, no se describe y casi no se narra. Siempre es presente”.
Según Whitehouse, a partir de los ‘80, con la incorporación de una notación más convencional y la utilización de elementos más armónicos y tonales, Kagel, como otros compositores de su generación, parece acercarse a una estítica de tipo pos moderna.
La difusión de su trabajo en la Argentina tuvo que esperar hasta los ‘90, cuando la revista Lulú publica un recordado reportaje al compositor. Sus discos demoran todavía unos años en desembarcar en el país. Ahora, la publicación de Palimpsestos, una extraordinaria recopilación de textos y entrevistas, realizada por Carla Imbrogno para la editorial Caja Negra, cierra de alguna manera el círculo del conocimiento de Kagel en toda su dimensión como artista.
Tres secciones integran Palimpsestos. La primera es Comentarios de obra; son descripciones y comentarios de Kagel a dieciséis trabajos suyos, que funcionan como un mapa constelado de la diversidad de propuestas del compositor. “No existe un “estilo Kagel”. No soy partidario de los manifiestos, porque creo que ya el sólo hecho de formularlos contiene el rechazo ulterior de los principios que se proclaman”, aseguraba Kagel.
La segunda sección, Conferencias y ensayos, incluye, de una decena de artículos, los textos esenciales que Kagel escribió sobre el teatro instrumental, sobre la forma en la música, y sobre las piezas radiofónicas. También hay escritos sobre Bach y Brahms, y sobre Cage, de quien Kagel un poco se vale para marcar sus profundas diferencias con el atonalismo y el serialismo.
Conversaciones es la última parte del libro. Son cuatro charlas magníficas, algunas extraídas de libros de conversaciones más extensos. La última es sobre la música como terapia: “nuestra sociedad es una enfermedad institucionalizada en permanencia”, decía Kagel.
En el 2006 volvió al país para asistir a un festival en su homenaje que se abrió en la explanada del Teatro Colón con Eine Brise (Una brisa), “acción fugitiva para 111 ciclistas”, que durante poco más de un minuto silbaron, cantaron y tocaron bocina mientras pasaban pedaleando frente a la audiencia.
Palimpsestos es un milagro del mundo editorial.