Entrevista con Lola Arias, publicada en el diario Clarín

Lola Arias (1976) dice que está todo el tiempo escribiendo. Ya se conocían su poesía (Las impúdicas en el paraíso), sus discos con Ulises Conti (El amor es un francotirador y Los que no duermen) y sus obras de teatro: Striptease, El amor es un francotirador y Mi vida después. Dirigió en varias partes del mundo y organizó el Festival Ciudades Paralelas. Mientras empieza a darle forma a una novela, acaba de publicar Los posnucleares, su primer libro de relatos.
Se trata de una serie de cuentos que se encadenan como escenas de un gran fresco de la sociedad contemporánea. Padres y amantes, lo que sucede en las casas y en las calles, el sexo, son los protagonistas de estos relatos de una cotidianeidad siempre amenazada por una extraña latencia.
Oscilando entre ficción, biografía y autobiografía, Los posnucleares se vincula con
Mi vida después, obra que Arias está dirigiendo en el teatro Sarmiento, dentro del ciclo Biodramas, y que está armada a partir de las indagaciones que en el pasado de sus padres, durante los años 70, hicieron varios amigos de la directora.
-¿Qué es lo posnuclear?
-Es la idea de un territorio donde los personajes aparecen como sobrevivientes de una catástrofe: quedaron un poco a la deriva, no se sabe de dónde vienen ni qué les pasó pero ahí están, en barrios a los que no pertenecen, en una ciudad con la que no se conectan, como si observaran un mundo que ya no existe. Viven una vida rutinaria e invisible. Cuál es esa catástrofe, no es una pregunta que se traduzca en una respuesta directa.
- En los cuentos hay una mirada muy interesada en lo generacional…
-Aparecen personajes femeninos que se preguntan por el final de la juventud. ¿En qué se transforma una mujer a los 30 años? Es un momento un poco entre: ya no se es joven pero tampoco se es madre. Son cuestiones que aparecen en relación con la vida misma. ¿Por qué hice Mi vida después, sobre gente nacida alrededor el 76? La vida y el arte no están separados, sobre todo para mí, que trabajo sobre ese borde entre la ficción y lo real, con materiales de vidas de otros y de mi vida. Me gusta jugar con el borde del autor y del personaje, de lo biográfico y lo autobiográfico. Exhibir ese borde.
-En Los posnucleares la política acá no está tan presente.
-¿Qué es lo político? No es un libro sobre la Argentina de los `70, pero: ¿no es político hablar sobre los serenos de seguridad de los edificios? Es una figura delirante; el guardián de los que duermen. Es un trabajo infame, una persona convertida en un objeto para nada, sin función alguna. Vengo de Irlanda, donde hay fuertes restricciones a la publicidad en espacios públicos, y en las avenidas ves a una cantidad impresionante de personas que sostienen un palo con una propaganda. Es casi una exposición de los otros: los excluidos, los inmigrantes, los que no tienen trabajo. Un museo de los pobres. Visibilizar esas posiciones genera preguntas políticas.
-¿Hubo un trabajo conceptual sobre los relatos?
-Me interesaba trabajar los cuentos a partir de ese momento, de ese día en la vida de un sujeto, en que no pasa nada extraño, cuando se produce una grieta en la que se ve a sí mismo reflejado en otro; una incomodidad, y después la vida sigue. No son relatos donde el suceso sea importante. Lo que sucede es muy nimio, pero a la vez abre una zona siniestra en relaciones totalmente rutinarias y banales.
-¿Qué es eso siniestro?
-En cada cuento es distinto. Pero sería como asomarse a un límite entre lo que se puede hacer y no se puede hacer, como el cuento del padre que duda si quedarse un instante más viendo cómo su hija adolescente tiene sexo con un amigo.
-¿Lo posnuclear opera sobre lo siniestro?
-No creo que en este mundo haya mas presencia de lo siniestro. Sí creo que hay una mirada que pone el ojo con más precisión ahí donde se produce eso, el instante en que está por cruzarse la barrera.
-¿Qué idea de futuro que hay en los cuentos?
- No lo sé. Todo el tiempo uno percibe la realidad en la que vive un poco como ciencia ficción. Vivimos en un mundo que ya fue imaginado.