Comentario a La casa encontrada, de Roberto Raschella (publicado en el Suplemento Cultural del diario Perfil)

Roberto Raschella publicó su primer libro de poemas, Malditos los gallos en 1979, a punto de cumplir 50 años. Está integrado por cinco poemas de una misma serie (De la familia, De la rebelión, De la piedad, De la servidumbre, De la muerte) y por otro distinto (Poema diario).
Más que en ningún otro momento de su obra poética, en Poema de la familia hay presente un lenguaje único, propio, mestizo, en el que se mezclan el italiano, el dialecto calabrés, el lunfardo porteño y la mera invención cotidiana. En los cuatro poemas restantes de la serie, el libro irá mutando hacia una escritura más lírica. La inmigración, la infancia, constituyen el referente difuso de los textos, distanciado por el espesor del lenguaje. Esta serie de cinco se articula también como una larga carta de despedida a la madre. El poema restante, Poema diario, es a la vez un diario en poema y el diario de un poema.
Poemas del exterminio, segundo libro de Raschella, sale en 1988. Son tres poemas largos, escritos entre el 70 y el 78. Constituyen una suerte de crítica enunciativa a una escena histórica desdibujada por la opacidad de las imágenes, pero claramente vinculada con los años 60 y 70: la clase, el partido. Acá el sujeto es más un testigo que un protagonista. Y otra vez: el libro se transforma a medida que se escribe.
Raschella tematiza cierta tensión del retraso, como si hubiese llegado “tarde” a algo. Quizás al neohumanismo de la poesía de los 50 (Raúl Gustavo Aguirre prologó Malditos…). Y si no parece haber demasiado vínculo con el coloquialismo de los 60, sí es legible una marca como de haber llegado “demasiado temprano” al neobarroco. Además del carácter refractario del vocabulario, el prosaísmo rítmico de algunos fragmentos recuerda mucho a la poesía épica que escribirá Osvaldo Lamborghini. (¿No cita OL este verso de Raschella: Dios mío, ¡lo horrible!).
En cualquier caso, si la de Raschella es una poesía atravesada por las tensiones del campo poético local de las últimas décadas, la suya es, en perspectiva, una de las respuestas más singulares y “ruidosas” que se han dado.
Con prólogo de Guillermo Saavedra, FCE acaba de publicar su Poesía reunida, que incluye los dos libros mencionados, más Tímida hierba de agosto, del 2001, y La casa encontrada, que permanecía inédito, estos últimos de tono más elegíaco.