Reseña de Mi padre y yo, de J.R. Ackerley (Perfil, falta chequear fecha)

J.R. Ackerley nació en Londres en 1896 y murió en la misma ciudad en 1967. Como voluntario en la primera guerra mundial, estaba al frente de la misión en la que murió su hermano, en Francia. Vivió unos meses en la India, como secretario de un marahá homosexual, cuyas costumbres relata en un diario de viaje (Vacación hindú). Durante casi dos décadas fue editor cultural de la revista de la BBC, The Listener, desde la cual promovió a escritores como Philip Larkin, W.H.Auden, Stephen Spender y Christopher Isherwood. Lo más significativo de su breve obra (cuatro libros de memorias, una pieza de teatro y una novela), lo escribió durante los últimos años de su vida.
Comenzado quince años después de la muerte de su padre, acontecida en 1929, y retomado a principios de los años 60, Mi padre y yo fue publicado de manera póstuma, en 1968.
Se trata de una memoria de cronología “aparentemente desordenada”, que indaga en la figura del padre, en su vida llena de misterios, y en los distintos momentos de la relación que mantuvieron el padre y el narrador.
Un poco a la manera del retrato del hermano que hace Vladimir Nabokov en La vida de Sebastián Knight, en Mi padre y yo el relato se desplaza más como un organismo celular que linealmente: siempre y continuamente regresa al presente de la escritura, donde reflexiona sobre lo que ha averiguado, o sobre lo que ha pensado. Exhibe esa reflexión, demorándose, sin terminar de arraigar la vida en la literatura, salvo quizás en esa vacilación, y luego se lanza en otra búsqueda.
Si hay un escritor detallista, ese es Ackerley. No porque su detallismo sea descriptivo; todo lo contrario. Otra que estático, es un detallismo dinámico, argumental; tiene que ver con las relaciones que se tejen entre los personajes. Dónde se conocieron, a través de quién, en qué circunstancia, durante cuánto tiempo se frecuentaron, de qué tipo era el vínculo que mantenían, qué cosas se decían.
Hay algo esencialmente conversacional en la base de esta narración. La historia se reconstruye a partir de lo que otros le dicen, y esa historia Ackerley la escribe recordando puntualmente lo que cada uno dijo sobre cada cual. Claro que la memoria, con sus lagunas y confusiones, es la principal fuente de la que se vale Ackerley, pero
en algún momento el autor compara su labor con la de un periodista: toma nota, busca y visita gente, revisa documentos públicos, cartas.
Las coordenadas “geológicas” (lo que se vivió y se pensó en su momento, lo que se escribió en la primera versión, lo que se piensa ahora) también dejan su marca en cada cosa que se narra. El relato conjetura, reflexiona constantemente sobre todos estos detalles que lo van anudando.
Y sin embargo, la historia del padre y de la relación del padre con el narrador no está observada tanto a través de lo que éste puede reconstruir sino de aquello que no alcanza a saber: son los estragos de la incomunicación mutua, de lo que no ha sido dicho, de lo que cada uno le ha ocultado al otro y ya no podrá rescatarse, lo que mejor logra aprehender este maravilloso libro de Ackerley. Mi padre y yo es la historia de dos fracasos. Del fracaso de una relación, y del fracaso del intento de reconstruir esa relación
¿Por qué el Conde de Gallatin se ofende tanto cuando en su juventud el padre, que era una suerte de mantenido, decide abandonarlo? ¿Por qué el padre espera un cuarto de siglo para casarse con la mujer que le ha dado tres hijos? ¿Entiende el padre que el hijo es homosexual? ¿Se acostaría el hijo con un hombre como su padre?
El sexo y el dinero, y en menor medida la salud, son las cuestiones sobre las que giran los mayores enigmas. No demasiado sobre el amor, porque Ackerley no parece tener una psicología demasiado proclive a corresponder el amor de otro. En todo caso, si el amor está, es en su forma de ausencia, de soledad, de autocompasión. “Como parecía que era incapaz de llegar al sexo a través del amor, inicié una larga búsqueda del amor a través del sexo. Después de haber escrito esta frase tan redonda, me quedo mirándola. ¿Es eso cierto?”, escribe Ackerley.
Algunos han dicho que Mi padre y yo es un retrato generacional de la homosexualidad en la Gran Bretaña de la posguerra. Ackerley describe en el texto sus costumbres sexuales y la insatisfacción que le provocaban. La impotencia y la eyaculación precoz son los temas de un breve apéndice que cierra esta memoria. Ahí el autor cuenta que a los 45 años entró en su vida una perra alsaciana a cuyo cuidado exclusivo se dedicó desde entonces, y cambió su vida sentimental por completo. A esa relación dedicó otro de sus grandes textos, Mi perra Tulip, que hace pocos meses editó en la Argentina Beatriz Viterbo.