Reseña de Buenos Aires en tinta china, de Attilio Rossi (Perfil, falta chequear fecha)

Casi ciento treinta dibujos de una ciudad representada por siete barrios constituyen Buenos Aires en tinta china, libro que Attilio Rossi publicó originalmente en 1951. Centro, Sur, Boca, Norte, Belgrano, Oeste y Flores son los barrios. Un poema de Rafael Alberti abre los dibujos de cada uno de ellos y un prólogo de Borges abre el libro. “Buenos Aires es el Sur”, dice Borges.
¿Qué dibuja Rossi? Dibuja rincones muy reconocibles de la ciudad, las esquinas más frecuentadas, los edificios más personales, pero también los frentes de las casas de familia, los patios, los árboles. Dibuja los carros que todavía conviven con los autos, las estaciones de subte, los tranvías. Las personas no le interesan, sólo sirven para dar la proporción. Es casi una ciudad vacía, en otoño. Una ciudad melancólica. Sí le interesan los comercios, sus carteles, Florida, el Bajo, los bares, los vendedores ambulantes, las plazas, las fuentes y estatuas de las plazas. El trazo es limpio, ordenado, minucioso. Cada dibujo lleva la indicación del lugar que retrata. Algunos nombres de calles han cambiado. Hay un valor testimonial puesto en juego.
¿Qué mira Rossi? La ciudad en plena transformación, lo que surge y lo que desaparece. Ahí está el edificio Comega, sólo, en la esquina de Alem y Corrientes, y a pocas cuadras los cabarets para marineros de Alem y Sarmiento. En muchos dibujos conviven las dos dinámicas. La mirada de Rossi parece registrar ese momento exacto e inaprensible en que algo se transforma en antiguo, en que empieza a verse como viejo, y en que otra cosa en cambio se adivina ya como la imagen de lo que vendrá. Es una especie de conciencia visual del presente, hecha de pasado y de futuro: algo que ocurre todo el tiempo en cada lugar de la ciudad. (Los árboles aparecen como testigos de transformaciones todavía anteriores).
Vistos hoy, en la reedición del libro que acaba de hacer la editorial Losada (de la que Rossi, fallecido en Milán en 1994, fue fundador y director artístico), estos dibujos tienen probablemente más valor que entonces. No sólo permiten ver los cambios que estaba viviendo la ciudad hace poco más de medio siglo, sino que también permiten ver en qué cambió y en qué no desde ese momento, dónde sigue siendo la misma y dónde es otra.