Nota sobre El mármol, de César Aira (Clarín, falta chequear fecha)

César Aira es el escritor argentino que más libros ha publicado en los últimos años. Son tantos que nadie parece llevar la cuenta exacta. Algunos dicen que son más de sesenta novelas, otros que son casi ochenta títulos. Noventa y ocho, aseguraba El País, de Madrid, hace unas semanas. En una nueva vuelta de tuerca a esta política literaria proliferante, una editorial argentina acaba de editar su última novela, El mármol, en tres versiones diferentes, con distintas tapas y textos de solapa y contratapa.
“Es una manera que hemos encontrado de homenajear a un escritor que ha llenado la literatura de libros que han provocado en muchísima gente una enorme felicidad de lectura”, señala Luis Chitarroni, escritor, crítico y responsable de La Bestia Equilátera, la editorial que publica la novela.
El mármol narra la historia de un hombre que tiene presente un instante de su vida pero no es capaz de recordar qué hacía en ese momento. A la búsqueda de una explicación de esa imagen se dispara una vertiginosa sucesión de escenas que tiene como principales protagonistas a unos supermercadistas chinos, del Bajo Flores, llegados de otro planeta.
El de Aira es uno de los casos editoriales más singulares, leído con muchísimo interés en países como Francia, España, México y los Estados Unidos. Publica o ha publicado tanto en editoriales grandes, como Mondadori, Emecé o Javier Vergara, como en otras independientes, tal es el caso de Gel, Beatriz Viterbo, Mansalva o LBE e incluso en varias de carácter casi artesanal: Mate, Mickey Mickerano, Belleza y Felicidad., Eloísa Cartonera. Incluso, algunos textos suyos han sido publicados sólo en el exterior. Esta política editorial ha sido señalada como una estrategia de enfrentamiento, desde una posición no mercantil, a una industria cultural que tiende a la uniformidad.
Editó su primer libro, Ema la cautiva, en 1981, después de haber escrito un polémico artículo en el que señalaba el carácter raquítico y malogrado de la novela argentina, saturada con los saberes y juicios de los autores. Entre Ema… y La liebre, de 1991, Aira publica las que para algunos son sus “grandes” novelas: La luz argentina, El vestido rosa, Las ovejas, Canto castrato, Una novela china, El bautismo, y Los fantasmas.
A partir de Embalse, que sería su libro bisagra, inicia un proceso de escritura continua y de publicación periódica de hasta tres o cuatro novelas al año. (Algunos han vinculado ese hiato en la producción con la muerte de su maestro, Osvaldo Lamborghini).
No se trata sólo de un cambio de ritmos, sino también de la forma de los relatos. De textos más unitarios, donde trabajaba sobre cierto exotismo pampeano moldeado en el siglo XIX, pasa a escribir novelas bastante más breves, “frívolas”, de acción impredecible y disparatada, ancladas a un evidente efecto de inmediatez. Y si antes había un trabajo de poesía en su prosa, ahora Aira hará pública su decisión de no corregir, de no volver jamás sobre lo escrito, sino de hacer huir el texto siempre hacia adelante.
Dice la escritora y ensayista Laura Estrin, autora de César Aira: el realismo y sus extremos, que Aira destierra de la literatura la problemática del verosímil. “Lo suyo es un realismo de la anotación y la velocidad: a mayor velocidad, mayor fidelidad. Su literatura tiende directamente a lo real. No tiene narrador, sólo autor. Por eso es un escritor que violenta e irrita; porque está ahí, en cada una de sus novelas”, asegura.
Para la investigadora Sandra Contreras, es con ese cambio de ciclo cuando Aira (cuyos libros venían siendo bien recibidos por la crítica local) produce una suerte de devaluación de su literatura, una opción por la “literatura mala”. A partir de ese momento, el resultado fallido se vuelve parte esencial de su obra.
En su ensayo Las vueltas de César Aira, Contreras señala que la literatura de Aira está regida por un imperativo de la invención. Y que la velocidad de la invención transfigura continuamente la naturaleza del objeto, y hace que la calidad del mismo pierda importancia. “No se trata de pensar la literatura como experiencia de conocimiento sino como pura acción”, dice. La literatura de Aira, para Contreras, es un cuestionamiento directo a la genealogía del valor literario.
El hallazgo de un procedimiento casi mecánico que permita el desarrollo continuo de la acción narrativa sería entonces el gran objetivo de la literatura de Aira. “Eso es la literatura”, dice el protagonista de El mármol, “un efecto feliz que no tiene causa”.
Además de cómo narrador, Aira se ha destacado por ser un brillante ensayista. Sus trabajos sobre Copi, Roberto Arlt, Manuel Puig, Alejandra Pizarnik, Osvaldo Lamborghini o Emeterio Cerro, han renovado de manera radical la lectura de la tradición literaria argentina.