Entrevista con Edgardo Cozarinsky (Clarín, falta chequear fecha)

Edgardo Cozarinsky tiene algo más de setenta años. Sin embargo, hace apenas una década que empezó a escribir “en serio” y a publicar sus libros. “Llegué tarde”, dice. Los ensayos, cuentos y novelas que ha editado desde entonces lo han convertido en uno de los escritores argentinos más personales
Con un pie en Buenos Aires y otro en París, donde vivió muchos años, y con una extensa y elogiada producción como cineasta, Cozarinsky presenta en estos días su última novela, La tercera noche.
En el límite entre la ficción y la autobiografía, yendo y viniendo entre una y otra, desdibujando esa frontera, La tercera… narra tres momentos de la vida de Víctor: una primera aventura por la noche prostibularia en el Bajo, cuando tiene trece años; una temporada en París, en 1969, cuando trabaja como portero en un hotel, y una secuencia final cuando ha superado los sesenta y se enamora de una joven cuarenta años menor.
Lo que acerca y distancia entre sí estos momentos, con una gran sabiduría del relato, es siempre inestable y está en transformación, como lo está el vínculo que hay entre el narrador y el protagonista.

-Usted escribe en el libro que una historia está hecha tanto de memoria como de olvido. Quería preguntarle por el uso de los silencios, de las elipsis, lo no dicho, que funcionan como elementos esenciales de la novela.
-Probablemente venga de mi temprana admiración, ahora un poco distanciada por la edad, de Henry James. En James hay siempre una serie de variaciones, muy intrincadas a veces, alrededor de un centro que queda tácito. Creo que lo no dicho, el secreto, es el centro de la experiencia humana, aquello que la nutre. Alimenta el imaginario, los sentimientos. Por eso todos los sistemas que tratan de apropiarse de la conciencia del individuo tratan de que ésta diga: la confesión religiosa, o el psicoanálisis, por ejemplo.

-¿Con qué idea empezó la novela, y cómo fue hallando ese fluir tan intransferible que tiene?
-Tal vez porque empecé a escribir en serio relativamente tarde en la vida, nunca le tuve miedo a la página en blanco. Al contrario. Creo que la página está para llenarla. Después veo a dónde me lleva eso. No tengo una idea de forma previa. La idea de tres mañanas se fue dando mientras escribía la que finalmente fue la primera parte, un relato de adolescencia con mucho de ficción y mucho de vivido. Cuando llegué al final sentí que el sentimiento de frustración era muy fuerte, porque al protagonista se le había acabado el reino mágico de la noche y tenía que volver a la vida cotidiana. Entonces pensé que debía haber tres momentos, y que el tercero tenía que terminar cuando el narrador se pone a escribir el libro que el lector concluye en ese momento.

-¿Cuánto trabaja los textos?
-Escribo mucho más de lo que guardo. Quitar, corregir, remodelar, cambiar de lugar, es lo que más me gusta. Los editores me piden novelas de 250 páginas. Y yo las escribo de esa extensión, pero después empiezo a sacarles cosas. El rufián moldavo (2004) es un caso extremo: hay una veintena de personajes, transcurre en tres épocas, en dos continentes, y tiene apenas 140 páginas. Me gustaría que los relato fueran todos como puntas de icberges, que el lector sospechara, y sintiera, que hay 9/10 de la historia sumergidos.

-¿Por qué dice que empezó tarde a escribir en serio?
-Porque durante años escribí artículos cortos sin animarme a escribir un ensayo serio o más largo. Y cuando lo hice, fue con grandes intervalos. Tenía miedo de publicar, de enfrentar al público lector. Después de que salió Vudú Urbano (1985) me pasé quince años sin publicar nada ambicioso. Ambicioso es la palabra, más que serio. En 1999 estuve muy enfermo, inmovilizado en un hospital, lleno de cables, con riesgo de quedar paralizado. Creí que me moría. Me dije: a partir de ahora, dejo de hacer las cosas que no me interesan. En el hospital escribí los dos primeros cuentos de La novia de Odessa (2001).

-La sexualidad está muy presente en La tercera…, pero de alguna forma no se habla de ella. ¿Hay una relación entre eso inasible y lo sexual?
-No lo sé. Creo que la sexualidad está presente en la segunda parte, cuando el personaje va formando su carácter masculino con las distintas relaciones que tiene. Pero la tercera parte ya ocurre en el crepúsculo, cuando lo sexual es más deseo que realidad, y lo que sucede está más ligado a la paternidad, que es algo que el personaje deliberadamente rechazó cuando era posible (por disgusto con sus padres, por afán de independencia), y que en ese momento, que se vuelve dudosa, es cuando le empieza a interesar.