Nota sobre Giacomo Casanova (publicada en Clarín el 12 de enero de 2011)

Charlatán, estafador, fugitivo, aventurero, lascivo, exquisito, decadente, Giacomo Casanova amó a todas las mujeres, más si no eran bellas, más si eran pobres. Su nombre es el sinónimo universal de la seducción, como si fuese un Don Juan. Pero Casanova fue también uno de los mejores escritores en lengua francesa de todos los tiempos, nunca demasiado admitido en las historias de la literatura.
Acaba de aparecer, por primera vez íntegramente traducida al castellano, Historia de mi vida, su obra fundamental, comenzada cuando abandonó el libertinaje y concluida un año antes de morir, entre 1790 y 1798. Llena de tergiversaciones y exageraciones anecdóticas, la obra de Casanova refleja cabalmente su filosofía de entrega constante al placer.
Casanova fue el gran (y último) cronista del siglo XVIII, el siglo de los goces. Formó parte de una clase que casi en esos mismos años desaparecía con la revolución francesa: la de los parásitos, actrices, intermediarios y vivos que rodeaban a los reyes y a los miembros de la nobleza.
En Historia… cuenta su vida como unas memorias. Nacido en Venecia en 1725, a la muerte de su padre es enviado como pensionista a casa de un cura, de cuya hermana se enamora. Continuamente tiene hemorragias nasales. A los dieciocho años deja el hábito por el uniforme militar. Después deja el uniforme por el violín. Seduce a dos hermanas al mismo tiempo. Alquila un hotel para recibir a sus amantes. Hace su primer viaje por Europa. Visita las bibliotecas de cada ciudad por la que pasa. Se enamora de París, de la libertad de sus mujeres. Otra vez en Venecia, acusado de cabalista, es encerrado en la cárcel de los Plomos, de donde se escapa al cabo de 15 meses. Inventa loterías y vende horóscopos. En poco tiempo hace una fortuna. Estafa a una anciana, que lo mantiene. Seduce a cinco hermanas al mismo tiempo. Predice a una mujer que será amante de Luis XV. La mujer se presenta antes Luis XV, que en ese primer encuentro la deja embarazada. Otra vez en París, conoce a Voltaire, a Madame de Pompadour. Viaja por España. A lo largo de su periplo interminable, seduce a una multitud de mujeres. A todas las abandona. A muchas les consigue marido. Todas desean volver a verlo. En Nápoles intenta casarse con su hija. En San Petersbrugo compra una esclava, a la que revende por diez veces su valor. Se bate a duelo con un conde polaco para ganar prestigio. Para que las autoridades venecianas le permitan regresar, se convierte en delator. Pero escribe un texto que molesta al gobierno y otra vez es expulsado. Deriva por Europa hasta que el conde Waldstein lo emplea como bibliotecario. Entonces comienza a transcribir sus recuerdos.
Casanova escribía por placer, en francés, porque era la lengua más hablada del momento. Escribía “trece o catorce horas por día”, que se le pasaban tan rápido como trece minutos. Su francés está lleno de italianismos. Su estilo es muy veloz, como si además hubiese escrito muy rápido. Apenas se detiene en los detalles, modela diálogos de una animación sorprendente. Nada tiene que demorar la acción. La escritura debe ser lisa, no estar adornada. El narrador nos pasea, nos muestra, nos enseña. Nunca pide nada. Hace de la generosidad una moral. Una situación sucede a la otra y el relato termina por azar.
A pesar de que en 1787 colaborara con Lorenzo de Ponte en el libreto del Don Giovanni de Mozart, la de Casanova es una suerte de contrafigura de Don Juan. Según Felicien Marceau, Don Juan no busca el placer sino la victoria. Casanova es voluptuoso y Don Juan jamás bebe. Don Juan desprecia la sociedad, y Casanova ama los juegos de azar. Don Juan es un anticristo, Casanova no tiene demonio. Don Juan es impasible y helado, Casanova es débil.
Casi dos siglos tardó Historia de mi vida en llegar a los lectores. A la muerte de Casanova, en 1798, su sobrino nieto conservó el manuscrito, que la familia vendió en 1820 al editor alemán Bockhaus. Bockhaus publicó una primera edición expurgada y traducida al alemán. Poco después decidió lanzar la versión francesa, y encargó a Jean Laforgue, que suavizara el original. Pero Laforgue cortó y corrigió a Casanova, e hizo agregados personales. En 1960 Bockhaus autorizó una edición directa del manuscrito, que se agotó enseguida. Recién en 1993, Robert Laffont editor pondrá por primera vez el libro original al alcance de un público más amplio.
En castellano se conocían varias versiones parciales, pero ninguna completa. Mauro Armiño hizo esta primera traducción íntegra, que editó Atalanta en dos tomos que suman casi 4.000 páginas (y cuestan, lamentablemente, más de $400).