Nota sobre Fantomas (publicada en Ñ el 11 de febrero de 2011)

La síntesis anecdótica del origen de Fantomas dice tanto sobre este personaje y el sentido de la obra literaria que lleva su nombre que merece ser contada de nuevo. Ocurre hace exactamente un siglo, en París.
Pierre Souvestre, periodista y abogado, apasionado por los autos y organizador de rallys, ex director de Le Monde diplomatique, había escrito de manera conjunta con su secretario, Marcel Allain, un folletín titulado Rour, que habían publicado con bastante éxito en 1909 en la revista L’auto (hoy L’Equipe), en la que Souvestre colaboraba.
Como ejercicio de marketing, para mantener el interés de los lectores mientras se les ocurría un nuevo folletín, habían empezado a publicar en L’Auto una serie de viñetas en las que se anticipaba que dos periodistas del medio estaban tras la pista de una escándalo de proporciones, que había sucedido en una carrera, y que se publicaría apenas hubiesen terminado de confirmarlo.
El director del diario Le Matin, uno de los más influyentes del momento, que había pasado por un incidente muy confuso en una competencia, se sintió directamente aludido, y fue a L’Auto a quejarse. Ahí descubrió que los periodistas no sabían nada de su caso, ni de ningún otro, y que simplemente estaban implementando una estrategia publicitaria. El hombre quedó tan impresionado con la visión comercial de Allain y Souvestre, que le recomendó a su amigo, el editor Artheme Fayard, que los contratara.
Fayard estaba buscando a alguien que pudiera inventar un personaje que desplazara a Arsène Lupin. Lupin, con rasgos típicamente franceses, había sido creado por el novelista Maurice Leblanc para el editor Pierre Laffite unos años antes para, a su vez, competir con Sherlock Holmes. Lupin era el reflejo invertido del detective británico: era un ladrón de guante blanco que planeaba, con el mismo método racional, de observación, intuición e ingenio que Holmes, lo que iba a ocurrir con cada movimiento que hiciera, y utlizaba todos sus recursos para que nada se interpusiera entre él y sus objetivos.
Allain y Souvestre inventaron un personaje que era “el mayor criminal de todos los tiempos”, que no dudaba en torturar y en matar para alcanzar sus fines. Tenía una gran inteligencia y constantemente podía cambiar de fisonomía, de figura y de personalidad. El rostro lo llevaba siempre oculto. Sus habilidades físicas estaban más allá de cualquier comprensión. Repentinamente, era poseedor de los superpoderes más insólitos. No se oponía al orden público porque tuviera unas ideas sociales determinadas, unos fines revolucionarios o simplemente quisiera denunciar determinado estado de las cosas. No: su único objetivo era asustar.
Se pusieron de acuerdo para ponerle al personaje el nombre de “Fantomus”. Pero cuando le presentaron a Fayard una carpeta con el adelanto del proyecto, Fayard, que era miope, leyó Fantomas, y quedó encantado con el nombre y con la idea, y los contrató para que escribieran 24 novelas en serie, a un ritmo de una por mes.
La primera, Fantomas, se publicó el 10 de febrero de 1911. Finalmente escribieron 32, en tres años. Según declaró Allain en 1969, poco antes de morir, entre los dos se alternaban los capítulos, que muchas veces ni siquiera escribían, sino que dictaban a una dactilógrafa, y en diez días tenían terminado cada libro, desde su concepción hasta su corrección. Souvestre había muerto en 1914. Después de su fallecimiento, Allain habìa escrito otros 12 textos, hasta 1963. En todos los libros figura el nombre de Fantomas en el título.
Con Fayard habían acordado un pago de 1.500 francos por manuscrito, de acuerdo con lo que se esperaba que iban a ser las ventas. Si embargo, cuando se presentaron a cobrar los derechos de los dos primeros libros, el cajero de la editorial no les quiso pagar. Protestaron con Fayard, que les dio un cheque bancario a cada uno. Allain se alegró al leer que le correspondían 2.200 francos; pensó que había derechos que ignoraba. Sin embargo, Fayard le hizo notar que no eran 2.200 sino 220.000 francos lo que le estaba pagando. Sólo el primer volumen había vendido 800 mil ejemplares.
La crítica ha considerado a Fantomas como la gran expresión crepuscular, tardía, de lo que había sido el folletín o novela popular, que había emergido a comienzos del siglo xix, acompañando los progresos tecnológicos de la prensa y los procesos de alfabetización del siglo xix, incorporando un enorme volumen de lectores nuevos. Incluso hasta 1870 no hubo educación pública en Francia, y el analfabetismo llegaba al 50%.
En su estudio El folletín y la novela popular Jorge B. Rivera señala que “la masa de lectores que irrumpe en ese momento como consecuencia de las transformaciones socio económicas provocadas por el ascenso de la burguesía, encuentra en la confluencia de novela y periodismo, precisamente en la novela de folletín, su expresión más propia y genuina. La literatura se despoja de la fruición estética para sumergirse en el mercado de consumo. Los modelos de comportamiento originales, que habían sido agotados por el romanticismo, aparecen en la novela popular en su versión comercializada, apta para el consumo masivo”.
Los autores de novelas populares más conocidos, que muchas veces, dada la enorme demanda que tenían, trabajaban rodeados por varios empleados que escribían por ellos, son Eugène Sue (Los misterios de París, El judío errante, Los siete pecados capitales), Ponson du Terrail (Las aventuras de Rocambole), Alejandro Dumas (Los tres mosqueteros, El conde de Montecristo), Paul Feval (El jorobado), Emile Gaboriau (El caso Lerouge, Monsieur Lecoq, El crimen de Orcival), Mayne Reid (Los cazadores de cabelleras) y Gustave Aimard (Los tramperos de Arkansas, Los piratas de la pradera).
Con el tiempo, señala Rivera, la fórmula de la novela popular emigrará a otros países de Europa e incluso a América. En la Argentina, el caso más interesante de novela popular probablemente lo constituyan los folletines de Eduardo Gutiérrez (1851-1889), autor de Juan Moreira, Hormiga Negra, Santos Vega, y Un viaje infernal, entre otros.
El desarrollo de la novela popular coincide con el desarrollo y la configuración de la gran novela realista, cuyo arquetipo y símbolo principal lo constituyen Ema Bovary y su hambre de ficción. Sin embargo, a diferencia de la novela realista, donde los personajes desarrollan sus contradicciones y matices psicológicos desde dentro, en la novela popular los personajes son dados de una vez y para siempre, según una ideación arquetípica y maniquea, y su complejidad debe buscarse en sus compañeros de trama.
En la serie de Allain y Souvestre, el personaje de Fantomas es inseparable de Juve, su perseguidor, un policía de París que no se detiene ante nada con tal de destruir a su oponente. Adelantada la saga, Juve descubrirá que en realidad Fantomas y él son hermanos.
“Fantomas sin Juve no sería el mismo. El mito de Fantomas incluye a su perseguidor, que si no ha conseguido vencerlo tampoco ha sido vencido. Las fuerzas contrapuestas no dejan de alimentarse mutuamente, aunque están equilibradas”, asegura Salvador Vázquez en su libro De la novela policíaca a la novela negra.
Al lado de Juve está siempre Fandor, un periodista amigo que también es feroz con Fantomas. Fandor está enamorado de una joven preciosa e inteligentísima que resulta ser la hija de Fantomas. Juve y Fandor mueren en el naufragio del Gigantic, en la última novela escrita a cuatro manos. Para la continuación de las aventuras, en 1919, Allain cuenta que el policía y el periodista, al naufragar el barco, habían salido despedidos y se habían incrustado en un iceberg, donde quedaron congelados, en estado de hibernación, hasta que el pedazo de hielo llegó a Marsella.
Otros personajes que rodean y hacen al Genio del Mal son Bouzille, un marginal que está en todas partes y escucha todo lo que se dice, pero a veces auxilia a Juve, y a veces a Fantomas, y el Profesor X, el sabio que aporta a Fantomas todos sus conocimientos para que encare sus desafíos más difíciles.
El universo entre fantástico y tecnológico de la saga se vincula con el del Villiers de L’isle Adam de La Eva futura, el Jarry patafísico de Gestas y opiniones del Doctor Faustroll y el Alphonse Allais de El capitán Cap. Por su parte, la tradición del personaje demoníaco, en conflicto abierto con la sociedad, se remonta a la figura del héroe gótico de Charles Maturin, Anne Radcliffe, Matthew Lewis. En este sentido, se ha señalado la similitud entre la capacidad proteica de Fantomas y la del Maldoror de Lautremont, quien ya trabajara sobre la influencia de la novela gótica.
El individualismo violento de Fantomas ha sido relacionado con las tácticas del anarquismo militante de 1910, aunque por el estilo de sus hazañas (asesinato, chantaje, secuestro) y por su apoyatura casi exclusiva en la destreza física y en la intuición, se ha dicho que la de Fantomas es una mentalidad precursora del fascismo.
“Las máscaras, los espejismos de las apariencias múltiples, se construyen como enigmas pero en realidad son vehículos de mistificación. Todos los rasgos típicos de excepcionalidad y sobrehumanidad que están ya en Montecristo y Rocambole, se cumplirán posteriormente en Fantomas y en el Superhombre de Niestzche. La autodeificación sin principios y su empeñosa excepcionalidad como enunciación literaria de una ética, ofrece ya la coloratura de base que legaliza el discurrir teórico de los personajes de Dostoievski y prepara el advenimiento de Zarathustra. La ética nietzcheana y la ética de los héroes omnipotentes de la novela popular es el código de una clase dominante, una ética imperial, o si se prefiere, fascista: Nada es verdad, todo es lícito”, señala Rivera.
Fantomas, se ha dicho, es tan inasible como ese impreciso malestar de vísperas de masacre que merodea las grandes ciudades: al igual que éste, “su sombra planea sobre los misterios más extraños, su rastros de encuentra junto a los crímenes más inexplicables”. Es una suerte de depositario de todas las fobias, de toda la agresividad y de todos los terrores de su época. En el horizonte, se encuentra la Guerra del 14.
La saga fue recibida como una suerte de producto “vintage” desde el principio. En Les Soirées de Paris, la revista que pertenecía a Guillaume Apollinaire, Blaise Cendrars escribió que Fantomas era la Eneida de los tiempos modernos. Y Apollinaire y Max Jacob fundaron una Sociedad de amigos de Fantomas. René Magritte se inspiró en su imaginario (a él se deben las tapas de los dos tomos de la edición del CEAL que a principios de los ’80 tradujera Elvio Gandolfo).
Los surrealistas elogiaron su comienzo como una de las primeras manifestaciones de espontaneísmo de la escritura. Es así: “-¡Fantomas! -¿Cómo dice? -Digo… ¡Fantomas! -¿Qué significa eso? -Nada… y ¡todo! -Pero, ¿quién es? –Nadie, y sin embargo, ¡es alguien! -Es decir… ¿qué hace ese alguien? -¡Da miedo!”. (Comienzo que hace recordar tanto a esa otra apertura clásica: “-¡Miren el cielo! -¿Es un pájaro? -¡Es un avión! -Es… ¡Superman!”)
Para mucha gente, sin embargo, más que una invención literaria, Fantomas fue una imagen: la del personaje con antifaz interpretado por René Navarre en los cinco films que dirigió Louis Feuillade, maestro del serial francés, a partir de 1913.
Feuillade cautivó a los espectadores de entonces con sus imágenes de los suburbios de la París de la Belle Epoque, mezclando naturalismo y fantasía. Pero cuando lo abrumaron las críticas que recibía por mostrar a un personaje que se burlaba descaradamente de la policía, modificó al personaje y en 1916 lo reemplazó por Judex, un sujeto que estaba siempre del lado de la ley y jamás usaba armas ni derramaba sangre.
Después, de Fantomas se hicieron varias remakes durante los años 30 y 40. En 1979, Claude Chabrol se basó en dos volúmenes de la serie para hacer dos películas para televisión: L’echafaud magic, sobre el primer texto, y El último tren, sobre Un roi prisonnier de Fantomas.
Con guión de David Martínez y el actor Vincent Cassel en el papel protagónico, Jean Reno filmará este año una nueva versión de Fantomas, que según su productor, Thomas Langmann, estará entroncada en la tradición de Iron Man y de los comics norteamericanos del sello Marvel La historia se desarrollará en un futuro próximo, dentro de unos diez años. La película se estrenará en el 2012 y habrá por supuesto una versión 3D.