Entrevista con Federico Andahazi (publicada en Clarín el 7 de diciembre de 2010)

Cuando en 1996, a su novela El anatomista, que narraba el descubrimiento del clítoris, se le retiró el Premio Fortabat, que había ganado, porque “no exaltaba los más altos valores del espíritu humano”, Federico Andahazi se convirtió en sinónimo de sexo, escándalo y ventas.
Con un perfil más bajo, Andahazi dedicó los años siguientes a escribir una serie de novelas históricas (El príncipe, El secreto de los flamencos, Errante en la sombra, La ciudad de los herejes, El conquistador, El oficio de los santos), que lograron premios y buena recepción crítica en todo el mundo.
Hace un par de años decidió aunar el sexo y la historia en una Historia sexual de los argentinos. Los dos primeros tomos de la serie, Pecar como Dios manda y Argentina con pecado concebida, se convirtieron en verdaderos fenómenos de ventas, con más de 100 mil ejemplares vendidos de cada uno. Estos días llega a las librerías el tercer y último volumen: Pecados y pecadoras, desde el golpe de 1930 hasta Cristina Kirchner.
Se trata de un libro arriesgado, que concede más o menos el mismo espacio a Isabel Perón que a Graciela Alfano, a López Rega que al Padre Grassi, y con ciertas contradicciones, porque si bien se aclara que no es morboso, no se priva de contar unos cuantos detalles escabrosos. De todas formas, es cierto que hay poco sexo en el libro, que se presenta como una investigación aunque por momentos se convierte en una suerte de reconstrucción narrativa de anécdotas en general ya conocidas.
La fórmula parece funcionar muy bien, porque Andahazi está coordinando, con novelistas e historiadores locales, la edición de proyectos iguales en Colombia, México y Chile.

-¿Con qué hipótesis empezaste a trabajar en el proyecto?
-Con la hipótesis de que no se puede comprender la historia de un país si se desconoce la historia de su sexualidad. Durante la conquista, por ejemplo, la política que estableció la corona fue una política sexual: el mestizaje. La violación sistemática por parte de los adelantados a las mujeres de los pueblos originarios, para de esa forma expandir la sangre española y los apellidos españoles. O después los pactos sexuales entre familias, que fueron la forma en que la oligarquía concentró la mayor cantidad de tierras posibles en la menor cantidad de manos.

-¿Y más cerca en el tiempo?
-El 17 de octubre, que es una bisagra en nuestra historia, pero que nunca se leyó por lo que significó en la sexualidad de los argentinos. Para entenderlo hay que retrotraerse a Lola Mora: en la fuente de Las Nereidas, iba a representar a los pueblos originarios, justo ella, de quien se dice que fue amante de Roca. Pero no se le permitió y tuvo que pasar a la tradición europea. Después iba a estar ubicada en la Plaza de Mayo, pero la iglesia se opuso. ¡Cuerpos desnudos delante de la catedral, jamás! Terminó en Costanera Sur. Bueno: el 17 de octubre fue la encarnación de lo que bien al principio imaginó Lola Mora. Eso que la aristocracia no quería ver ni siquiera como grupo escultórico, sucedió el 17 de octubre: una fiesta cargada de un erotismo intolerable, torsos desnudos, mujeres del “aluvión zoológico” levantándose las polleras para meter las patas en la fuente, cantando: sin corpiño y sin calzón / somos todas de Perón.

-¿Es el ejemplo más representativo de la sexualidad argentina?
-La palabra que mejor sintetiza la historia de la sexualidad argentina es “hipocresía”. En ese sentido hay un caso más gráfico, el de Agustín P Justo, uno de lo símbolos de la década infame, presentado como un padre de familia ejemplar, abuelo bondadoso, de una ética intachable. Durante muchísimo tiempo se ignoró que tuvo una amante muy joven, y que esa relación influyó directamente en la historia. La chica era Leonor Hirsch, hija del principal accionista de Bunge y Born. Fue el hijo de Justo, Liborio, el que contó la historia, denunciando de qué manera Bunge y Born le metió en la cama a la chica para sacarle a Justo una cantidad de ventajas económicas. Liborio lo denuncia como un hecho político.

-Investigación, recreación novelesca, entretenimiento, ¿en qué categoría pensás al libro?
-Es un libro de investigación histórica, con todas las licencias que se puede tomar alguien que no es historiador, pero eludiendo todas las tentaciones que la historia tiene para un novelista. No haya nada del orden de la ficción, todo está fundamentado en testimonios y documentos.

-Decís investigación, pero la mayoría de los casos fueron escándalos públicos, muy conocidos. ¿No es contradictorio?
-Es que uno de los propósitos fue también ver cómo se fue construyendo el relato de lo sexual en la Argentina. Y la sexualidad de por sí es siempre escandalosa.