Sobre el verso libre (publicada en Clarín el 24 de julio de 2010)

Un siglo y medio después de que el poeta estadounidense Walt Withman liberara los versos de la poesía occidental de rimas y acentos medidos, un debate inesperado viene ahora a recorrer el campo de la poesía local: el debate por el uso del verso libre.
La polémica, que ya se venía incubando, estalló cuando el poeta y traductor Pablo Anadón acusó en un artículo publicado en la revista Fénix a buena parte de sus contemporáneos de “haber perdido el oído para lo idiomático, incluida la métrica”. Argumentó que esto sucedía por un defecto en la formación de los poetas, “que suele nutrirse en gran medida de traducciones, excluyendo la lectura de los clásicos de la lengua”. Dijo Andón que “el imperio de la traducción versolibrista produjo en nuestro país una imagen distorsionada de la poesía moderna, identificada exclusivamente con el verso libre”.
Eliot, Yeats, Apollinaire, Rilke, Ungaretti, Montale, Pasternak, son poetas fundamentales de la lírica moderna en distintas lenguas que experimentaron con formas medidas e incluso rimadas, pero que fueron traducidos en verso libre.
Esta postura generó una serie de réplicas en el ámbito de la traducción. “Nada está más reñido con el sentido común que la pretendensión de que la música de una lengua puede reproducirse en otra por el simple recurso de trasladar un sistema concebido para unos sonidos a otro sistema concebido para otros sonidos”, señaló Jorge Fondebrider, poeta, ensayista y creador del Club de Traductores de Buenos Aires.
Sin embargo, el planteo original parecía ir bastante más allá; parecía ir en contra de la consolidación de un cierto espacio poético. “El verso libre es el tipo de verso dominante, casi único, de la poesía argentina actual. Pero no lo cuestiono en sí mismo. Digo que el problema reside en que tiende a transformarse en una tiranía, al mismo tiempo que se estandariza y se vuelve indistinguible de la prosa cortada en cualquier lado”, aclara Anadón.
Con la participación de varios de los poetas aludidos, acaba de aparecer El verso libre , volumen que recoge una serie de reflexiones sobre esa forma poética. Algunos artículos responden directamente a los cuestionamientos, pero otros no.
Javier Ardúriz establece una genealogía del verso libre en la Argentina, cuyos principales referentes son Macedonio Fernández, Leopoldo Lugones, Ricardo Molinari, Oliverio Girondo y Edgar Bayley. Con Borges, Adúriz es reticente. Señala, además las características prosaicas, miméticas, elásticas, inciertas y aleatorias del verso libre. “Dio de sí la constancia de lo narrativo”, dice.
Consultado al respecto, Alejandro Bekess, participante activo del debate, mencionó como una postura básica la de incluir o no a Borges en la historia de la poesía. “Empleó el verso tradicional y el verso libre. Ambos fueron, en sus manos, eficaces para crear poesía. Para mí, su presencia es insoslayable”, señala.
Jorge Aulicino, que llama “orfistas” a Anadón (y a Bekes y Ricardo Herrera), asegura que la batalla que llevan adelante no es formal. “Es una batalla ideológica, librada por ciertas ideas, como la de la tradición. Se han complacido en la música del verso, ignorando que es una forma histórica, para convertirla en intemporal”.
Para Aulicino, la práctica del verso libre nunca ocultó la vigencia de los poemas escritos en versos medidos y rimados, sino que puso en evidencia que tales poemas son tanto o más actuales que en su tiempo, “precisamente porque fueron producto de su tiempo”.
Al mismo tiempo, Rafael Oteriño remarca que cada época suena de una forma diferente, Fondebrider argumenta que “no se puede acusar a los compositores contemporáneos de no componer los Conciertos Brandeburgueses, justamente porque ya fueron compuestos por Bach”, y acusa finalmente a los “órficos” de pretender, “con picardía”, atraer un poco la atención hacia sí.
También participan en el libro María Teresa Andruetto, Leopoldo Castilla, Alicia Genovese, Juan Carlos Moisés, Rogelio Ramos Signes, Santiago Sylvester y Alberto Tasso.