Nota sobre Vladimir Maiakovski (publicada en Perfil en 23 de mayo de 2010)

Vladimir Maiakovski, el gran poeta de la Revolución Rusa, de cuya muerte (por mano propia) acaban de cumplirse ochenta años, nació en 1893 en Georgia, hijo de un guardabosques “de estatura gigantesca”. A los 12 años el padre había muerto y la familia estaba en Moscú, hundida en la miseria. Bolchevique y anarquista, cuando cumple 17 ya ha sido detenido tres veces por la policía zarista y ha pasado dos años en la cárcel.
Cuando sale, no sabe si quiere ser poeta o artista plástico. Se anota en la Escuela de Bellas Artes, donde es “adoptado” por el clan Burliuk: tres hermanos, tres hermanas y una madre que pintan, escriben, coleccionan, editan, exponen y apoyan. Desde sus inmensos campos en Ucrania, el padre financia. En 1913 publican Una bofetada al gusto del público, primer manifiesto del futurismo ruso, escrito por Maiakovski.
Un año más tarde conoce a Máximo Gorki, que ya era un novelista mundialmente famoso. “Le leí fragmentos de lo que estaba escribiendo. Gorki, conmovido, lloró en mi chaleco. Lo conmoví con mis poemas. Eso me enorgulleció un poco. Pero después supe que Gorki llora en todos los chalecos poéticos”, escribió Maiakovski en su Autobiografía. Gorki igual publicó un artículo sobre el futurismo ruso que provocó un escándalo en los medios literarios y significó un gran espaldarazo para Maiakovski.
Cuando se produce la Revolución de 1917, Maiakovski ya tiene publicadas varias de sus obras más destacadas (La nube en pantalones, La flauta vertebral, La guerra y el mundo) y es ampliamente reconocido. Gran amigo suyo, Boris Pasternak señaló que en Maiakovski “el poeta ya no es el autor, sino el tema de su lirismo”. La incorporación de neologismos, el desarreglo de la sintaxis, los efectos expresivos, la exaltación del yo, el ritmo de la poesía hablada y la estructura entrecortada e irregular caracterizan a sus versos, alentados por una suerte de (si se puede) materialismo o historicismo cosmogónico.
“Su obra” escribió Luis Gregorich, “encarna la poesía y la literatura del primer período de la cultura soviética, esa etapa abierta a todas las discusiones, cuando una cultura socialista no parecía incompatible con una extrema diversidad de tendencias. Su depresión final y su suicidio representan la perplejidad del intelectual frente a una nueva etapa del proceso revolucionario.”
En 1919 trabaja en la agencia de prensa Rosta. Diseña más de 1.500 afiches de propaganda. Señala Lila Guerrero, quien tradujo buena parte de sus poemas, que de los 13 tomos de sus Obras completas en ruso, “uno está integrado por los versos que dedicó a la venta de caramelos, cigarrillos, chupetes e infinidad de productos de la industria socialista”. Otro, a los versos que escribió a la industria soviética.
Pero las relaciones con el poder no son fáciles. Lenin detestaba al futurismo: “No te da vergüenza votar la publicación de 5 mil ejemplares de 150 millones (poema de Maiakovski)? Es un libro estúpido, monstruosamente estúpido y pretencioso”, le escribe a Anatoli Lunacharski, el único funcionario que sostenía a los escritores “experimentales”, en contra de una línea oficial más realista, “proletaria”, que se iba gestando.
Como dramaturgo, influenció a Meyerhold, de quien a su vez aprendió Bertoldt Brecht. Dicen que además fue un actor soberbio, en el teatro y en el cine, amigo y camarada de ideas de Serguei Eisenstein.
En 1922 empezó a viajar por el mundo. Pero la muerte de sus amigos, el distanciamiento de otros ante el endurecimiento del frente político, la resistencia que encuentra su obra entre los nuevos “burócratas” del régimen empiezan a minar su ánimo.
A fines de 1925 se ahorca Serguei Esenin, colgándose de la araña de su habitación en el hotel de Inglaterra, en Leningrado, luego de haberse cortado las venas y haber escrito con su propia sangre el último poema. Si Maiakovski era el poeta de la vida urbana, burlón, revolucionario, Esenin había sido el poeta de los paisajes idílicos, sentimental, nostálgico del mundo que se terminaba. “Los dos habían empeñado su vida en la apuesta por reinar en las almas de sus compatriotas”, escribió Víctor Woroslovsky.
Se suma a la agrupación LEF (Frente de Izquierda), en un nuevo intento por dar forma a un arte revolucionario, en un contexto cada vez más opresivo; la experiencia fracasa. Importa de Francia un automóvil Renault, de los primeros en circular por Moscú. Viaja en auto a Leningrado con Lili Brik, el “frustrado” amor de su vida (Lili estaba casada con Osip Brik, amigo de Maiakovski).
En su afán por acompañar el “proceso de sovietización”, ingresa a la RAPP, la oficialista Asociación de Escritores Proletarios. No querido por los nuevos, abandonado por los viejos, combatido por el nuevo establishment de funcionarios, se hunde en la soledad.
Pasternak fue el primero en entrar al cuarto en que se pegó un tiro en el corazón: “Estaba recostado de lado, con la cara vuelta hacia la pared, severo, grande, debajo de la sábana que le llegaba al mentón, con la boca medio abierta, como si durmiera. Su rostro restauraba el tiempo en que se llamaba a sí mismo hermoso joven de 22 años, porque la muerte había endurecido la expresión de la cara. Era la expresión con que se comienza la vida, no con que se termina…”.