Entrevista con Sonia Budassi (publicada en Llegás a Bs. As, junio de 2010)

Durante un año, Sonia Budassi buscó a Carlos Tevez para hacerle una entrevista. Lo buscó en el predio de la AFA, en los partidos de la Selección, en conferencias de prensa, en locales de cumbia, a través de los amigos del jugador, de sus representantes, de sus conocidos. Sólo al final consiguió sacarle unas palabras. Muy poco para una entrevista. Así que Budassi (periodista cultural y narradora) desechó la entrevista y con todo el trabajo de búsqueda que había hecho escribió Apache. En busca de Carlos Tevez (Tamarisco), un libro inesperado y sorprendente.
–¿Por qué elegiste trabajar sobre Tevez? ¿Qué era lo que querías indagar en su figura?
–Siempre me llamó mucho la atención esa cuestión física que hay en él, tan bella, que tiene por ejemplo en la forma de correr; es casi un animal. Es algo que lo distingue del resto de los jugadores. También me interesaba la cosa de viveza criolla que le veía, la chispa que tienen sus declaraciones. Me fui obsesionando y empecé a preguntarme qué había que detrás de eso, a tratar de explicarme el por qué de su carisma, de indagar en el mito de su ascenso social. Así fui tratando de distinguir los engranajes que iban armando ese mecanismo.
–¿La idea original era entrevistarlo?
–A la revista Brando le propuse una nota sobre Tevez, y me dicen que no, pero me encargan hacerle una entrevista. En el proceso de conseguir esa entrevista empecé a ver los videos de Tevez que había en internet, a leer material de archivo, a escucharlo en conferencias, a ver videos que subió la gente que fue a verlo a algún recital de Piolavago, la banda que tiene con sus amigos. En esas miradas sobre Tevez, en el entorno que lo rodeaba, en un sentido amplio, desde los periodistas deportivos a la gente de la AFA, había algo que yo no terminaba de entender.
–No indagás tanto a Tevez sino a todo lo que lo rodea.
–Se fue dando a medida que trabajaba. Cada vez que yo iba a recorrer algún territorio para entender o para ver si podía acceder a la entrevista, le escribía largos correos a mi editor contándole lo que encontraba. Y él empezó a decirme: “Ahí está la cuestión”.
–En cierta forma, Apache es un libro sobre la imposibilidad de entrevistarlo, ¿no?
–Por ahí fui un poco ingenua. Yo venía de un mundo muy distinto, el del periodismo cultural. Cuando había querido entrevistar a Harold Bloom, que de antemano me parecía inaccesible; había conseguido su teléfono, lo había llamado y me había atendido él mismo, y habíamos estado hablando dos horas. Creí que la cosa iba a funcionar igual y me encontré con que esa gestión estaba repleta de peripecias insólitas y de dificultades casi insalvables, que además no había visto narradas nunca. También me di cuenta de que tanto Tevez como mucha gente de su entorno son personajes difíciles de encasillar. Están atravesados por mil tensiones distintas que no cierran en esos esquemas mentales que uno se puede hacer si analiza de lejos el cambio que se produce en sus vidas.
–Narrás situaciones que transitás, pero casi no recurrís al archivo. Si uno quisiese armar una “vida de Tevez” no podría, porque la mayoría de sus datos biográficos en el libro no están.
–No quería hacer algo pretencioso: quería que se entendiera que lo que estaba haciendo era un recorte de los eventos que me parecía que servían para pintar mejor al personaje. Sí usé archivo para ver cómo estaba narrado Tevez, y ahí me encontré con que siempre se repetían los mismos puntos básicos. El archivo me aportó datos para hacerme yo una idea, pero no me parecieron relevantes para escribirlos.
–Apache también puede leerse como un libro sobre los periodistas y los medios de comunicación. ¿Te animás a hacer una evaluación del periodismo deportivo después de esta experiencia?
–No quiero sentirme como una jueza que viene de afuera a juzgar. Hay un artículo de Pablo Perantuono que salió en el sitio web Los trabajos prácticos, en el que él cuestiona por qué en el periodismo deportivo siempre se hace la misma pregunta, que además recibe siempre la misma respuesta. La cuestión sería por qué no se puede preguntar otra cosa, o si no hay otra cosa para preguntar acerca de un partido de fútbol, de ese entramado que se produce entre jugadores, dirigentes y periodistas.
–¿Los periodistas funcionan un poco como miembros de esa “guardia pretoriana” que vos mencionás, esa protección que rodea a los jugadores?
–En gran medida buscan preservar ciertos significados que ya están instalados, y que parece que deberían continuar así, porque no haría falta ir por más, o generar nuevos relatos acerca de eso. Hay una relación de mutua necesidad entre los jugadores y los periodistas. Eso hace que a veces tengan un trato excesivamente amable.
–¿Cuáles son esos significados que se protege? ¿Qué es lo que no se puede cuestionar?
–En el caso de Tevez, hay ciertos pilares, ciertas ideas, como la del Tevez-familiero, o la del Tevez-luchador. Son pilares que cualquiera que venga de afuera puede llegar a quebrar, con argumentos o sin argumentos. El entorno del jugador es muy cerrado y está esa idea de que los de afuera no lo entienden y pueden engañarlo, porque quieren aprovecharse de él, o porque le tienen envidia. En el discurso de los futbolistas hay mucho de melodrama.
–En algún momento de tu búsqueda, ¿te preguntás qué contar cuando no pasa nada?
–En realidad todo el tiempo pasan cosas, lo que sucede es que son cosas sobre las que no se hace foco. En el libro hay momentos que para mí son centrales en el relato que no tienen ningún sustento periodístico. Como ver a Jonás Gutiérrez en un rinconcito, solo, tranquilo, dando una imagen muy rara de lo que es un jugador, en comparación con los otros, que estaban siendo recontra acosados. O ver el funcionamiento de los remiseros. Es un ámbito lleno de pequeños entramados de poder.
–Eso que está fuera de foco, ¿qué es lo que te dice de lo que sí está enfocado?
–Me parece que lo micro responde a una estructura macro. A un entramado mucho más importante, que son los grandes clanes que negocian, que adquieren poder, que lo pierden, que tienen privilegios, que deciden lo que se puede decir y lo que no. Tiene que ver con el negocio del fútbol, claro, con el dinero, con relaciones de poder verdaderamente fuertes que pueden levantar a un jugador y contribuir a que la idea del ídolo se pueda construir y pueda permanecer.
–El dinero es un personaje omnipresente en Apache.
–La pobreza narrativa, los estereotipos que siguen manejando los medios cuando hablan de fútbol, esas formas remanidas están directamente vinculadas con la cantidad de dinero que se maneja en ese ámbito. Por ahí es un razonamiento un poco absurdo, pero es como si a más dinero, menos complejidad del relato, para que todo siga funcionando del mismo modo.
–Después de varios meses, finalmente lograste sacarle unas palabras a Tevez.
–Nunca se había olvidado. Y siempre fue súper amable. Me dio unos minutos sin estar obligado, cuando no le estaba dando notas a nadie. Me pareció un gesto muy generoso para con mi trabajo. Se ríe fácil, es realmente simpático. Transmite alegría. Igual en ese momento me acordé de algo que repetían siempre sus amigos: que él se quiere retirar, que ya está podrido, muy cansado del mundo del fútbol.