Entrevista con Leopoldo Brizuela (publicada en Clarín el 4 de mayo de 2010)

Por qué pasarse años escribiendo una novela de 700 páginas, cuando el mercado y la academia exigen un libro por año? ¿Por qué apostar por el valor literario de la frase cuando lo que prima es una estética de escritura de "fotolog", donde lo que se juzga es si lo que se lee es interesante en términos casi "antropológicos"? ¿Por qué no escribir la novela que los críticos quieren leer?
Lisboa. Un melodrama, la novela de Leopoldo Brizuela que se presenta hoy a las 18.30 en la Feria (Sala Alfonsina Storni), parece haberse hecho cargo del desafío de dar respuesta a estas preguntas.
Es la tercera novela de Brizuela. La segunda, Inglaterra. Una fábula, fue Premio Clarín y Municipal de la Ciudad de Buenos Aires, traducida a varios idiomas y elogiada en varios países. La primera, Tejiendo agua, fue premio Fortabat en 1985. En 1995 publicó un libro de poemas: Fado, y en 2002, uno de relatos: Los que llegamos lejos. Brizuela vive en La Plata, ciudad donde nació en 1963.
Lisboa. Un melodrama es la historia de muchos secretos. Transcurre a lo largo de una noche, en noviembre de 1942. La ciudad, a punto de ser invadida por los nazis, se ha convertido en un hervidero de refugiados desesperados por dejar Europa. Un buque argentino a punto de zarpar sufre un atentado. Los personajes que iban a abordarlo, algunos enteramente ficcionales y otros reales, como Discépolo, Tania, o la cantante portuguesa Amalia, quedan varados en esa suerte de noche final: se encuentran, se pierden, se confiesan. Ninguno tiene hijos. Y todos guardan algún secreto que los vence. "El secreto es lo que no se puede decir en cada momento", dice Brizuela. La forma de integrarse a la sociedad es tener un secreto. El secreto es lo que nos vincula. La cuestión homosexual es secundaria".
-¿Por qué "Lisboa" es "un melodrama"?
No fue algo buscado, La misma historia fue eligiendo ese tono. En todo caso, es un homenaje a los géneros que formaron una sensibilidad popular, la manera de sentir de mis viejos. Etimológicamente, además, "melodrama" viene de "melos": música. Y en el libro hay una presencia importante de la música, no sólo del tango, sino también del fado. Hay un cierto fatalismo en el fado. Como si te revelara quién sos en verdad.
-¿Por qué eligió Lisboa para ubicar la novela?
No sé. No son decisiones tan racionales. No es una estrategia para algo. Uno escribe la novela que puede, la que le sale, no la que "debería", o la que quieren los otros. La literatura no pasa por esas cuestiones moralistas y evolucionistas.
Vinculada por estilo, arquitectura y ambición trágica con las grandes novelas de los años '60, hay en Lisboa una impronta fuerte del lenguaje teatral: cada capítulo es una unidad de espacio en la que los personajes, en general de a pares, van contándose sus vidas. Y si bien en el relato se destaca el rol el Cónsul, la novela es también una suerte de "historia sin héroe", en el sentido de que el protagonismo está muy distribuido entre una decena de personajes.
-¿Lo inquieta publicar una novela como ésta, que va a contrapelo de los modelos de los modelos más comunes en la novela argentina contemporánea?
-¡Ojalá pueda salvarme de escribir esa literatura! (se ríe). Pero hablando en serio: sí me da miedo. Tengo un mandato de que sólo sobrevivo si mantengo mi secreto. Publicar esta novela me deja expuesto a la humillación pública, lo digo en relación con la experiencia homosexual. En estos casos, escribir está bien mientras no publiques: publicar es una infracción.
-¿Es cierto que tardó diez años en escribirla?
-No, no es cierto. Pero si escribí una novela larga, con las frases trabajadas, que de alguna manera obliga a los lectores a ir a su ritmo, fue para que se convierta en una verdadera experiencia para el lector; para que el lector entre en este mundo, en este tiempo, en estas palabras, y salga transformado.