Entrevista con Ernesto Mallo (publicada en Clarin el 25 de mayo de 2010)

Cuenta Ernesto Mallo que de la editorial Planeta le propusieron escribir una novela relacionada con el Bicentenario. Lo que se le diera la gana. Apasionado por la historia, Mallo se puso a escribir al tiempo que se sumergía en la lectura de varios centenares de documentos de época. Al cabo de un año y medio tuvo la primera versión del libro. Sobre esa hizo siete más. El resultado de ese trabajo salió recientemente con el título de El relicario.
Se trata de un libro un tanto extraño para festejar los 200 años. Primero, porque el período histórico que abarca va del 1500 a 1810: en todo caso es una suerte de prehistoria de la Revolución de Mayo. Después, porque su foco principal está en los que parecen ser los grandes olvidados de la identidad nacional: los negros. Y finalmente, porque en el relato no hay ningún elemento celebratorio de la historia patria.
"La historia que nos contaron es una ficción. Las naciones surgen del robo, del crimen y del avasallamiento. Escribir para llevar a los personajes al bronce es algo que les dejo a los escritores de la (mala) educación", señala Mallo.
El libro sigue el recorrido de un relicario tallado por Benvenuto Cellini; recorrido que va abriéndose por escenarios históricos que pasan de Roma a Potosí, de Buenos Aires a Madrid, de Asunción a Londres, a París, otra vez a Buenos Aires y a Roma. El relicario es una suerte de personaje inerte, de objeto maldito que provoca enormes desgracias a quienes lo poseen.
La anécdotas son cortas, se concentran en los personajes (que en este sentido hacen de El relicario una novela casi coral) y se suceden con un ritmo de montaje cinematográfico.
La mayoría de los episodios narrados fueron reescritos a partir de las fuentes originales. "La historia de esos años está llena de perlas literarias; lo que más difícil me resultó fue decidir qué cosas no contar. A la primera versión del libro le quité 80 páginas", recuerda Mallo.
La vida de los negros en Buenos Aires y el comportamiento de las elites locales durante las invasiones inglesas probablemente constituyan la parte medular de la novela.
"En nuestra historia los negros no existen, y sin embargo llegaron a ser el 35% de la población de Buenos Aires, que funcionaba para ellos como lugar de paso. Nos legaron un vocabulario absolutamente vigente: mondongo, quilombo, tamango. Incluso la palabra mina tiene que ver con ellos. Los Minas eran una tribu africana de una gran belleza física, esclavizada. Los blancos acostumbraban apropiarse de sus mujeres, pavoneándose luego con las minas que tenían", dice Mallo.
Ernesto Mallo no lee ficción, ni quiere saber lo que escriben sus colegas. Teme perder su "voz". Escritores de policiales mucho más jóvenes, que están renovando el género, como Leonardo Oyola, lo consideran uno de sus principales referentes.
Para escribir El relicario se enfrentó con el problema de qué español utilizar. Intentó con una versión histórica, que lo sonó demasiado artificial y falsa. Finalmente optó por un castellano actual, mezclado con una extensa serie términos que han caído en desuso.
Pasada la mitad del libro, una cita de Dickens define para Mallo "la tesis de la novela". Dice: "Fue el mejor de los tiempos y el peor; la edad de la sabiduría y la de la estupidez; la época de la fe y la época de la incredulidad; la estación de la luz y la de las tinieblas; era la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación: todo se nos ofrecía como nuestro y no teníamos absolutamente nada; íbamos todos derecho al cielo, todos nos precipitábamos en el infierno. En una palabra: era una época tan parecida a la nuestra..."