Reseña sobre El sentido de las misiones suicidas, de Diego Gambetta, (publicada en Perfil el 6 de diciembre de 2009)

Un nuevo discurso se distribuye por la vasta red de los medios de comunicación: es el discurso de las misiones suicidas (ms). Su idioma es global y su sentido es oscuro. “Aplica un código antiguo a un comportamiento reciente. Los lenguajes que utilizamos para entenderlo son inadecuados”, señala Diego Gambetta, doctor en ciencias políticas de Cambridge y compilador de “El sentido de las misiones suicidas”, volumen en el cual nueve ensayistas intentan avanzar en la comprensión del fenómeno.
Las ms alcanzaron circulación mundial con los ataques kamikazes a partir del ‘43-‘45. Pero las ms modernas son bastante más actuales. Los trabajos coinciden en fijarles origen en la guerra del Líbano (1973-1990). Después se difundieron por Sri Lanka (1987), por el Kurdistán turco e iraquí (1996), por Cachemira (1999), Chechenia (2000), e Irak, a partir de 2003.
El libro avanza y se corrige contraponiendo fuentes. La información, se dice continuamente, es escasa, poco confiable, y está mal sistematizada. Los conceptos se deducen de las anécdotas. Pero se exhibe más el proceso de indagación que el concepto acabado, porque cada vez que se desmenuza un caso, más diferente parece de los otros. Suceden incluso cosas como en el capítulo sobre los Tigres tamiles, cuando su autor, Stephen Hopgood, concluye señalando que las misiones de esa organización son “claramente no suicidas”. Es decir: se expone la indagación de un caso que debería haber quedado fuera del corpus (claro: siempre que el resto de los artículos hubiera encontrado conclusiones fuertes).
El libro admite su enorme dificultad para articular un lenguaje que logre contar el sentido de las ms. Es como con las biografías sobre Mohamed Atta, el piloto líder dek 11-S que señala Stephen Holmes en el capítulo sobre Al Qaeda: han aparecido muchísimas, pero ninguna logra explicar su vida. (Pocos como Reinaldo Laddaga, en sus “Tres vidas secretas”, una de ellas, dedicada a Bin Laden, ha logrado acercarse tanto a un lenguaje narrativo capaz de procesar la emergencia de esto nuevo incomprensible).
Una búsqueda de elementos en común como ésta, tal vez el mayor efecto que tenga sea el desmitificador: los atacantes suicidas no tienen personalidades suicidas ni muestran ninguna psicopatología grave. Ninguna religión, y menos una religión específica, como el Islam, es parte necesaria de la explicación de una ms, y no existe conexión alguna entre el número total de ataques terroristas y la propensión a las ms. Además, la pobreza individual no influye en la propensión de los sujetos a participar de ms, y el efecto de la educación sobre estos sujetos es positivo (a más educación, mayor propensión).
Para el caso palestino hay algunas especificaciones adicionales: la ms no se proponen como herramienta para socavar procesos de paz, ni forman parte de un círculo vicioso de violencia (mientras los ataques israelís se explican por los ataques palestinos, los ataques palestinos no pueden explicarse por los ataques israelíes). Levantar la moral de los miembros y aumentar el prestigio de la organización frente a organizaciones rivales parece ser el principal origen de las ms en esta zona.
Rifoli estima que más del 80% de las ms se concentran en dos regiones diminutas: Sri Lanka y la zona del conflicto árabe israelí. Si se les agregan Kurdistán, Cachemira, Chechenia e Irak, se alcanza el 96% de los casos. El 4% restante corresponde a países como Argelia, Pakistán, India, Argentina y Estados Unidos. Según ciertas estadísticas, las ms tienen entre 10 y 15 veces más poder destructivo que los ataques comunes. A pesar de ser el 3% de los ataques, les corresponde el 48% de las víctimas. Omitiendo la enorme distorsión que supondría promediar el 11 S ( donde hubo 2.750 muertos en las Torres Gemelas, y 198 en el Pentágono), entre 1980 y 2001 hubo en el mundo 2500 víctimas de poco más de 500 ms.
El libro es fascinante y extenso: no puede evitarse cierta sensación de desasosiego por el hecho de estar dando vuelta siempre a las mismas cuestiones, sin poder atravesarlas. Es un vértigo de la dispersión. Las conclusiones a las que se arriba son muy tenues. Son cinco “generalizaciones que despuntan”, como las llama Gambetta. 1) Todas las ms son decididas y ejecutadas con el apoyo de una organización, 2) las ms son compatibles con tipos muy diferentes de organizaciones armadas, 3) las ms son una opción más para estas organizaciones, nunca la única, 4) las organizaciones que utilizan ms tienen bases que apoyan tácticas radicales o no están arraigadas en ninguna comunidad, 4) las ms las lleva a cabo siempre el bando más débil y 5) las ms se han usado sólo para atacar democracias.