Reseña sobre ¿Dónde andará Dulce Veiga?, de Caio Fernando Abreu (publicada en Perfil el 1 de marzo de 2009)

Cuando empieza esta novela imperdible, el protagonista y narrador de la misma, que desde hace un año se encuentra “regodeándose en un pantano de depresión y autocompasión”, acaba de conseguir un trabajo como periodista. Va a la redacción y la primera nota que le encargan tiene que hacérsela a un grupo de punk-rock llamado Marcia Felacio y las Vaginas Dentadas. Al iniciar las gestiones para conseguir una entrevista con la tal Marcia, descubre que ésta es hija de Dulce Veiga, una cantante de la década del 60, “la mejor de todas”, que lleva veinte años desaparecida.
Cuando le comenta a su editor lo que se ha enterado, el editor lo libera de cualquier otra tarea y le pide que se dedique exclusivamente a encontrar a Dulce Veiga. Incluso el dueño del diario, lo convoca a su casa para alentarlo en la investigación, proponiéndole su publicación como libro.
La novela del brasileño Caio Fernando Abreu, publicada originalmente hace casi veinte años, es también ese libro. Incluso tienen el mismo título: ¿Dónde andará Dulce Veiga? La búsqueda se desarrollará en siete días, uno por capítulo, entre un San Pablo y un Río de Janeiro cuidadosamente observados.
¿Dónde andará Dulce Veiga? es un título muy afortunado. No sólo por las imbricaciones y justificaciones argumentales que tiene, ni por todo lo que dice sobre la forma de la narración; también lo es por la intensidad emotiva que transmite, y porque invita a la ensoñación. Es uno de esos títulos que más que separarse del texto para iluminarlo, están fundidos con el relato. Así es que sólo como ejercicio de lectura se podría pensar en otro. Por ejemplo: ¿qué es Dulce Veiga?
La novela es la crónica de la búsqueda de la cantante, que el Diario da Cidade le ha encargado al narrador. De alguna manera es también, por su dinámica, por la trama organizativa de que participan los personajes, una suerte de novela policial. Por los tintes de las caracterizaciones, por algunas escenas, es además, un “melodrama lationamericano”, una “fotonovela”. Y es siempre una radiografía de Brasil en dos tiempos: el de los años ´60, el del tropicalismo y la politización, el de Dulce Veiga, y el de los 80, el de la globalización de la miseria y el del SIDA, el del narrador.
Una concepción mágico paranoica subyace en todas estas formas de relato. Son siempre los mismos personajes reapareciendo en roles inesperados. Todos parecen engañar al narrador. Es un sincretismo: tienen poder estructural sobre el relato la astrología, el candomblé, los medios de comunicación, el cine y el cine B, la alta literatura, el psicoanálisis, la ambición de “reescribir” a Nelson Rodriguez, la guerrilla, el “amor entre machos”, la filosofía oriental en la ambigüedad de sus sentencias, un sillón verde que aparece todo el tiempo, etc. Abundan además las citas, las referencias a un abanico amplísimo de significantes. “Enigmas, enigmas insolubles, impenetrables, insanidades”, dice el narrador.
Es que ¿Dónde andará Dulce Veiga? es también una novela simbolista, de una suerte de simbolismo tropical “pre-antropofágico”: todo lo que se ha deglutido no ha terminado de fundirse. O “post-antropofágico”: en algún punto, tal vez, es como si Fernando Abreu hubiese intentado desandar parte del legado modernista de Oswald de Andrade. Como si lo hubiese vomitado antes de terminar de digerirlo.
“Consciente de estar inconsciente, inconsciente de estar consciente”, “hecho de pedazos de un rompezabezas sin molde”, “como quien intenta matar recuerdos indeseables para pasar la vida en limpio”, “como quien intenta llegar al centro sin partirse en mil fragmentos”: la figura del narrador es fascinante. Dividido en fragmentos de los que huye pero que continuamente “emergen” delante suyo, puntuando otro relato más, el de su vida, el de su amor por los hombres, el de su enfermedad, es alguien que quiere ser otro, alguien para quien la Nueva Era consiste en poder olvidarse de sí. La figura del narrador es conmovedora.
Es imposible no recordar a Néstor Perongher (“ahora que me estoy muriendo/ahora que me estoy muriendo”) volcado hacia esa mística de los últimos años en su Alabanza y exaltación del Padre Mario, en sus Agua Aéreas, dedicadas al Centro Ecléctico de Fluyente Luz Universal de San Pablo, cuyo ritual del Santo Daime Caio Fernando Abreu reproduce a su manera antes del final del libro.
¿Dónde andará Dulce Veiga? es tantas cosas al mismo tiempo que el lector no puede sino darse cuenta de que Dulce Veiga, como punto en el que todos los relatos convergen, como punto en el que todo ese simbolismo esparcido manera entra, de alguna manera, “en sistema”, no podrá ser nunca “sólo” una cantante. Dulce Veiga es también una iluminación.
El que se busca se pierde, y el que se pierde se encuentra. Sólo hay que seguir el curso del corazón, el resto es perdición.