Nota sobre Darío Cantón (publicada en Ñ el 2 de enero de 2010 )

Darío Cantón es uno de los escritores más interesantes y menos debatidos en la escena literaria local. Publicó su primer libro, La saga del peronismo, en 1964. Es una crónica poética muy breve de algunos momentos de la historia del peronismo, escrita con un lenguaje un tanto desconcertante, ni íntimo ni distanciado, explorador de tonos nuevos en la escritura de poesía.
Corrupción de la naranja, su segundo libro, es de 1968. Empieza así: “Si se toma una naranja / en buen estado / y se la deja / en Buenos Aires / bajo techo / el primer día del verano / a la intemperie ambiente”. La descripción de lo que sucede con esa fruta a lo largo de tres meses constituye la parte inicial del libro. El trabajo sobre la “cosidad” de los objetos, la tensión hacia ese umbral en que terminan por absorber el lenguaje, o en el que el lenguaje se convierte en una “cosa”, será una constante de toda su producción.
Un año después, en Poamorio, utilizará un registro más intimista y anecdótico, narrando el proceso de separación de una pareja. Acá serán el cuerpo, el sexo, el deseo, los temas que tomarán su espacio problemático. El texto empieza en la mitad del libro, cuidadosamente compuesto por Juan Andralis.
En 1972, otra aventura de edición y escritura: La mesa, un libro anónimo, sin mención de autor, editado por Siglo XXI. Es un volumen de poemas que incluye, además del índice general, un largo cuerpo bibliográfico, un índice temático y un índice de nombres. Es un tratado sobre el objeto “mesa”: definición, usos, tipos, estilo, patología, derecho, filosofía, y una docena de entradas más.
La escritura de Cantón es seca y prolija, mucho más narrativa o descriptiva que metafórica. Las imágenes escasean. La rítmica es muy marcada: son versos cortos, respetuosos de las estructuras sintácticas de la frase, con cierto uso de las repeticiones. El aspecto irónico de su lenguaje se acentuará a partir de 1975, cuando empiece a publicar Asemal (“la mesa”, al revés).
Asemal, tentempié de poesía, es una hoja con poemas propios que Cantón mandará por correo a unos 700 corresponsales de todo el país, durante cuatro años. Veinte números en total. “Lea despacio, mastique bien las palabras”, es la frase que encabeza el envío, diseñado y armado por Andralis, en cuya imprenta se hacía la hoja “El xxxxxx como un manchón / de tinta se fue extendiendo / negra / cubriéndolo todo”, dice uno de los poemas, de julio de 1976. “Asemal (“hace mal”) tenía que ver también con ese momento en que las cosas ‘había que hacerlas bien’ ”, señala Cantón.
En el 75 hay otro libro: Poemas familiares, editado por la revista Crisis, y de 1977 es el Abecedario Médico Cantón, redefinición de 800 términos extraídos de un Vademecum medicinal. Es un trabajo sobre el idioma, matrizado por el humor particular del autor y con un espléndido desarrollo visual de, otra vez, Andralis.
Asemal deja de salir por un motivo económico (Cantón se hacía cargo de todos los gastos) y por un motivo literario. “Quiero consagrarme a otro proyecto. Se trata de escribir una suerte de biografía intelectual” escribió en un Balance y despedida incluido en el último envío. La base de esta biografía, dice Cantón, serán los Cuentos de poemas, que ha venido incluyendo en Asemal y que describen cada uno la minuciosa composición de uno de sus poemas. “Es lo que tiene que ver con el oficio, con la cocina de la escritura. Siempre me interesó indagar cómo es que se trabaja”, asegura hoy el autor.
Si antes Cantón era un escritor que escribía poemas, ahora será un escritor que escriba sobre un escritor que escribe poemas. Trabajará en este proyecto hasta 1989, modificando el esquema sobre la marcha. “¿Qué es una vida humana?”, se pregunta. Lee el Flaubert de Sartre, el Henry James de León Edel, algunos trabajos de Philippe Lejeune sobre la biografía. El resultado son más de 2.000 páginas que después de largas idas y venidas por el mundo editorial, y bajo el título general de De la misma llama, comenzará a publicar distribuidas en cinco tomos. En el año 2000 aparece el tomo IV (La historia de Asemal y sus lectores), en el 2004, el tomo I (Berkeley, 1960-1963). Luego salen, en el 2005, el tomo II (Los años en el Di Tella, 1963-1971), en el 2006 el III (De plomo y poesía, 1972-1979) y en el 2008 el tomo VI (Nue-Car-Bue. De hijo a padre, 1928-1960).
Es una obra heterogénea, desbordada por cuerpos textuales del origen más diverso: recuerdos, cartas de terceros, mapas, fotos, fragmentos de diarios personales, reflexiones, publicidades, reproducciones de libros (¡entre ellas, íntegras y facsimilares, las de algunos de sus poemarios!), de revistas, de documentos, poemas, cuentos, cuentos de poemas, cuadros estadísticos. “Cosas que tienen importancia por sí mismas, que pueden interesar per se. No me interesa estetizarlas. Pretendo que tengan valor como testimonio”, se explica Cantón.
De la misma llama es una autobiografía íntima, el retrato de una generación, el análisis obsesivo de una obra hecha, el diario de una obra en proceso. Por momentos es archivo puro, todavía no articulado en un relato, como el muestreo del trabajo de campo de un historiador o de un sociólogo. Vértigo: la atención sobre cada asunto u objeto se descompone en el en la atención sobre las partes de ese asunto u objeto. Es un libro escrito, pero también un libro no escrito, sino pegado. Un collage de material recopilado. Es un libro para leer, pero también para mirar. Para recorrer de manera continua o salteada, entero o por partes. Los tomos, los índices, la resolución gráfica (excepcional, de Rubén Fontana), las marcas textuales, los subtítulos, los epígrafes, permiten abordar el material de infinidad de maneras.
No es en la detallada descripción de los procesos de escritura y corrección de sus poemas donde está lo más apasionante de esta obra. Después de todo, si algo transmite la voluntad de compartir una experiencia de trabajo es que la única experiencia que hace sentido es la que uno vive solo. Su propia obra lo demuestra. Intentando describir la forma en que se ha convertido en escritor, Cantón se transforma en otra cosa. Porque De la misma llama no es el libro de un escritor. Es el libro de un artista; un libro de artista.
Si la longitud del relato de una vida debe ser proporcional al interés que esa vida despierta, la autobiografía de Cantón está fuera de escala, por breve. No porque su vida sea excepcional, sino por lo contrario. Cantón es cada uno de nosotros. Nos pasamos la vida imaginando momentos excepcionales, y la vida se pierde con todo lo que vamos perdiendo. Cantón atesora lo que olvidamos. Si pudiese guardarlo todo en el libro, De la misma llama, una obra crepuscular, conmovedora, se transformaría en la vida misma.
Ahora Cantón trabaja en el sexto tomo (Malvinas y después), que cubrirá desde 1980 hasta 2009.