Impresiones sobre algunas imágenes I (publicadas en el sitio Los trabajos prácticos, el 13 de enero de 2009)

Tengo un amigo que dice que se alegra cuando a sus amigos les va mal. Se jacta de decirlo, como si hubiese algo de valentía en admitir que se es un miserable. Aunque miserable tal vez no sea la forma más justa de definirlo. Hace años que lo conozco y sé que sufre mucho por su manera de ser. Tal vez sería más justo decir que es un masoquista. Acabo de cumplir los cuarenta y me doy cuenta de con el tiempo me he ido volviendo mucho más pragmático. Y entiendo que es inútil hacerse ilusiones con la ruina de los demás, simplemente porque a los demás en general les va bien. Es mucho más probable que a quien que se dedica a hacer lo que quiere, y pone en eso sus energías, su inteligencia y su verdad en eso, las cosas se le den, y no que no se le den. Queremos vivir una vida hecha a escala de los hombres, no de los genios. Aunque también es cierto que a uno le queda operando en la cabeza, cuando piensa en estas cosas, de cuando era más joven, un cierto residuo de una idea de justicia. Yo, por ejemplo: hay bandas de rock por las que siento un rechazo. Una de estas bandas es los Fabulosos Cadillacs. No es una cuestión musical. Miro las fotos de un diario del recital de los Cadillacs en River (¿o fue en Vélez?). Es cierto que a los ska siempre les gustó usar traje, pero era un uso más de raíz mod, de traje prestado, de pobre, de segunda, del que sobresalen los tobillos y las muñecas, está viejo, fuera de moda, y es medio ridículo. En cambio, los trajes oscuros y high tech que visten los Cadillacs son exactos en su cinismo. Estos tipos son los amos del universo y nos lo están diciendo. No es el traje del desocupado mod, tampoco es el traje del que trabaja; es el traje del que se exhibe trajeado, del que se trajea para exhibirse. Es el traje del poder exhibido. De la ostentación. El traje de quien, merced a su poderío, accede a una cierta cuestión de más “elegancia”. El mod accedía a esa elegancia a través del ridículo. Era un perdedor. Los Cadillacs son ganadores. Ostentan su victoria. El de ellos es el traje que muestra el orgullo de haber llegado al mundo del poder. Cierta cosa de seudo desprolijidad perfectamente lookeada en la combinación de las prendas, cierta cosa de demasiado ajustada de la ropa, en todo caso, acentúan la impresión: es como el gesto de suficiencia final. No sólo tenemos poder, sino que nos cagamos en él. En una foto, Vicentico canta con unos guantes puestos, de cuero. ¿Guantes para qué? ¿Para que esa oscuridad tan estilizada sea completa y, semi auto endiosados, los preserve del contacto con la atmósfera que los demás transpiramos? ¿O para que no queden los rastros de las huellas dactilares? ¿Dónde: en un escritorio, en un cuello, en un gatillo? ¿En un montón de billetes? A mí me resulta imposible no pensar en la imagen de un mafioso, un mafioso de la matrix globalizada. No sé si los recuerdo bien, hace años, desarreglado, de calle, con camisa leñadora, bermudas y remera blanca. No quiero decir que haya una diferencia. A lo mejor quiero decir eso: dime cómo te consagras y te diré quién has sido siempre.

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En una reunión, si no me equivoco la noche de año nuevo, alguien recordaba a Roberto Cenderelli. Recordaba ese montaje tan veloz de las imágenes, con cortes abruptos, que hacía en sus programas, algo que nos parecía absolutamente novedoso, por momentos ridículo, casi desquiciante. Decíamos, en la reunión, cómo eso que entonces se veía como tan extravagante hoy se ha convertido en la gramática básica de la tv. Era la época de los programas “de comunicación”. La época de La era del ñandú, del Monitor Argentino. En uno de esos programas estaba David Viñas como invitado.Viñas estaba en el estudio con el conductor, mirando un monitor en el que se veía gente respondiendo a las preguntas de un periodista-camarógrafo. Una encuesta sobre algo. Cuando se terminó la proyección y le pidieron a Viñas una opinión sobre lo que había dicho la gente, Viñas, con su vehemencia habitual, se lanzó sobre la imagen congelada en el monitor y señaló el brazo del periodista que había quedado sosteniendo un micrófono. “Este”, dijo, “este es el personaje que hay que cuestionar”. (Me viene a la memoria la frase final de su novela Cuerpo a cuerpo, donde el enfrentamiento entre un general torturador y un periodista que lo “investiga” culmina cuando el general le dice al periodista: “Escriba a sueldo”, y uno no sabe cuál de los dos es peor tipos). Bueno: ayer le confesaba por teléfono a un amigo que a pesar del rechazo mundial que generan los bombardeos israelíes sobre Gaza, del énfasis de los medios en el sufrimientos de los palestinos, la cobertura que hacen del enfrentamiento me parece bien pro israelí. Igual, no podía explicarme, ni explicarle a mi amigo, por qué me parecía eso. Después en un bar, agarré un diario para mirar la que había del tema. Una foto de tres niños palestinos muertos, ensangrentados y mutilados, en el piso de un hospital devastado; los familiares que los rodean lloran transformados por el dolor, la desesperación y la impotencia. Después, la columna de opinión de un ex embajador de EE.UU. en la ONU. Seguramente, un “especialista”. En la tercer página, un palestino cargando con una niña, ensangrentada, mutilada, muerta, transformado él por el dolor, la bronca y la impotencia. Son unas imágenes terribles. Y me incomoda que me las muestren. Pero otra vez, sólo puedo hacerme preguntas. ¿Benefician esas fotos a los palestinos? ¿O a Israel? ¿Apelan al humanismo, o estigmatizan al humillado? Si la Argentina entrase en guerra con algún país vecino y los diarios publicasen todo el tiempo fotos de niños argentinos muertos, ¿qué diríamos? ¿Por qué, en cualquier conflicto del que participan, de los soldados norteamericanos muertos no se ven sino los ataúdes, y muy de vez en cuando, y en imágenes totalmente protocolizadas? ¿Por qué las agencias no mostraron los muertos del 11 S y nos bombardean con imágenes de los muertos palestinos? ¿Por qué nos regodeamos con el sufrimiento de los palestinos y no podemos ver el sufrimiento de los norteamericanos? ¿Por qué hacia un lado todo es transparencia y hacia el otro todo es opacidad? ¿No será que esa exposición de los palestinos a la exhibición de su sufrimiento no es otra cosa que la exposición de los palestinos a las armas de los israelíes? ¿No será que lo que estamos viendo en esas imágenes no es otra cosa que la obscenidad militar de los medios de comunicación, totalmente alineados con las fuerzas israelíes? ¿Qué fotos del conflicto publicaría yo?