Entrevista a Fernanda Laguna (publicada en La Capital, de Rosario, el 6 de diciembre de 2009)

Dame pelota (una chica menstrúa cada 26 o 32 días y es normal), es el largo título del segundo libro de Dalia Rosetti, una escritora de Morón creada por la artista y poeta Fernanda Laguna. Es una historia de amores apasionados entre jugadoras de fútbol en una villa miseria. Es un relato que por momentos parece ampararse en la estela de lo más central de la literatura argentina actual y por momentos parece resistirse a cualquier clasificación que lo ubique dentro de lo que se entiende por literario. Es "la" literatura argentina contemporánea y al mismo tiempo es lo primero que se escribirá cuando la literatura termine de desaparecer. En cualquier caso, un libro insoslayable. Fernanda Laguna acepta la entrevista.
-El relato de Dalia Rosetti parece ir surgiendo de una subjetividad emocional casi pura, en el sentido de que en su relato no parece haber una idea de lo literario. Como si estuviese diciendo que, a la hora de escribir, la literatura no existe. ¿Puede ser?—Hay un poema mío que dice algo así como: "este es mi gran cuento, lo más largo que escribí, mi poema más ambicioso, mi consagración". Pienso que al decir "esto es un cuento", ya me estoy situando. Por lo general deseo hacer algo y en el texto mismo lo voy haciendo. Con las novelas es así. Me digo: soy novelista. Pero soy novelista por primera vez, a través de ese personaje. Es como que entro en el personaje y voy inventando cómo hacerle hacer cosas. Pienso más en la imagen del escritor novelista que en otras novelas. Sí, pienso en eso: en la pose del escritor. Es como ser alguien que uno no es. Después pongo una línea y no tengo idea de nada. Va surgiendo.
-¿Corregís el estilo, por ejemplo, la frase?
-No. Dame pelota la escribí de un tirón en 2003 y entre el año pasado y este cambié algunas cosas que no me cerraban porque no tenían energía. Agregué. Pero no fue un trabajo sobre las frases. A mí una palabra me lleva a la otra. Escribo: "tenía ganas de ir al baño" y después "como si fuese fin de año", porque "baño" me lleva a "año". No sé cómo.
 -¿No tenés alguna idea de cómo debe ser la oración?
-A veces pienso, y me doy cuenta de que no está bien lo que escribí, pero no sé cómo arreglarlo. Para mí el estilo es una superposición de cosas que me encantan con cosas que no sé cómo corregir, o que me da fiaca corregir. Por ahí hay una cosa que no me gusta, pero como no sé cómo modificarlo, escribo a lo mejor medio párrafo más para dar fe de lo que había puesto. Si corrijo me mareo, me pierdo. Y como no sé cómo tendría que ser, agrego una parte que hace funcionar a lo anterior. No importa si no es genial. Es que como que te hace pasar a otro.
-Decís que te vinculás más con la idea de ser novelista que con las novelas mismas. ¿Qué imágenes de novelistas hay en tu imaginario?
-Las de las películas: me imagino a los escritores charlando, los novelistas de best sellers, en cócteles, elegantes, tomando algo y conversando. Para mí el novelista es una persona ambiciosa, pero que no va a llegar. También tengo un poco la idea de folletín, de novela contratada: una escritora que tiene que escribir una novela rápido, porque tiene un contrato que cumplir. Y pienso mucho en las chicas, como lectoras. Es decir, en una escritora en un rol medio de confidente, contándoles cosas a otras chicas. Es lo que se me ocurre ahora. Por ahí en un rato se me ocurre algo totalmente diferente. Ahora tengo como una fantasía de ser novelista, como si debajo de todos los escritores hubiera la trama de una película. Los veo a todos, y todos parecen haber sido escritos por otra persona. Ser un novelista es una ficción.
-Aceptar y ser aceptada, desde el título mismo, parecen ser los motores fundamentales del relato de Dalia Rosetti. ¿Qué lugar ocupa la crítica en esta literatura?
-Hay como una velocidad en las acciones y en lo cotidiano, que es la velocidad del momento, del hecho de vivir el momento. La crítica tiene más que ver con un proyectar hacia el futuro, o pensar en el pasado. Dalia Rosetti está viviendo al día, llevada por la velocidad. La crítica es pensar, y pensar es como detenerse. El presente en cambio es una decisión: acepto esto o no lo acepto. No es una cuestión de si esta es una forma de vida ideal, al contrario. Puede ser pésima, y sin embargo es una forma de vida. Es medio azaroso como uno vive. Uno vive sin saber siquiera lo que está sintiendo. Pero siendo así igual se puede construir una idea, un momento. Se puede ser así y tener sentimientos y un pensamiento acerca de la justicia. La vida es así: uno piensa, pero no sabe tampoco lo que piensa.
-En todo el libro hay una insistencia en lo bello, como una voluntad de verlo todo bello. ¿Qué es la belleza en términos de Dalia Rosetti?
-La belleza está en los detalles, en las cosas sin contexto. En quedarse en una pequeñez y no ver el resto. En vivir eso. No pensar en el contexto. Es aceptar lo que es, lo que se tiene, que es con lo que hay que vivir, y conviene que sea bello. Puede que sea como utilizar la realidad. No sé si está bien o no ser así. Son mecanismos que funcionan por momentos. Y lo bello está en lo afectivo. Lo que está tocado por el amor siempre es bello.
-En literatura, el gesto moderno por excelencia es el de la corrección. Quitar lo que está demasiado dicho. El proyecto de Dalia Rosetti parece casi el inverso: a través de la búsqueda de detalles, de esa descomposición, la escritura parece querer invadirlo todo. No evitar, sino incorporar.
-Bueno. Si hay algo que no se debe hacer, yo quiero hacerlo. No tengo nada que perder. Lo más grave que me puede pasar es que llore un montón.
-En general, el uso de un seudónimo responde a una estrategia de ocultación. ¿Qué hay de Fernanda Laguna que Dalia Rosetti no muestra, o al revés?
-Cuando nos pusimos nombres de flores con Gabriela Bejerman (Lirio Violetzky) y Cecilia Pavón (Margarita Bomero) queríamos, a la vida que teníamos, agregarle una vida más. Con el nombre, estábamos dando nacimiento a otra persona. Una persona diferente. Por eso no me gusta que digan que Dalia Rosetti es Fernanda Laguna. A Dalia Rosetti no le interesan muchas cosas que a mí me preocupan.
-¿Por ejemplo?
-A ella no le importa ganar plata, trabajar, curar muestras. No tiene nada que ver con el mundo de las artes visuales. Es como en los rituales. Te ponés una máscara, pero no es para ocultarte. Es para dar vida a otra identidad. Es algo que me hace sentir nueva. No es una ocultación, es un develamiento.